Nunca falla. Sacamos a un perro a la calle, se acerca a la acera y en cuanto ve un automóvil no puede evitar olisquearlo para acto seguido dejar su rastro, ¿a qué se debe este curiosos comportamiento?

Es más sencillo de lo que creemos. Lo primero que debemos de tener claro es que los neumáticos cuando salen de la fábrica no tienen ningún tipo de compuesto ni olor especial que pueda atraer a ningún perro, pero el fin para lo que están fabricados es la principal característica por la que son tan especiales, la movilidad.

No es necesario que un perro haya dejado su rastro sobre ellos para que en cualquier trayecto pueda impregnarse de olores que va recogiendo de aceras, carreteras, caminos, etc. Un automóvil recorre miles y miles de kilómetros a lo largo de su vida, y esto representa también miles y miles de “territorios” donde los perros intentan hacerse notar.

Cuantos más olores perciban en un lugar, más ganas tienen de marcar su territorio, y por lo tanto, los neumáticos son un paraiso de olores donde poder advertir con su orina, ¡aquí estoy yo!

Vía | Ballesterismo

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