En enero de 1993, en el Salón de Detroit, era presentado un prototipo que traería mucha cola. Se llamó Porsche Boxster Concept y, aunque todavía no se sabía, sería el germen del modelo que salvaría a la marca de la quiebra. La década de los 90 no estaba siendo demasiado buena para Porsche debido a sus bajos niveles de ventas y una gama de modelos bastante obsoleta. Algo tenían que cambiar para salir de esta crisis.

La idea fue hacer un vehículo más pequeño y accesible que el 911, algo que replicara el éxito que estaba teniendo el Mazda MX-5 pero con sangre alemana. No fue difícil encontrar inspiración en clásicos de los 50 como el Porsche 550 Spyder o el Porsche 718 RSK. El resultado fue este Boxster Concept (nombre tomado del tipo de mecánica utilizada por la marca), que tres años después se materializaría en forma de versión de producción.

Del prototipo presentado en Detroit (la mayoría de ventas de Porsche iban para Estados Unidos en dicha época) contaba con algunas particularidades. Se trató de un pequeño biplaza descapotable tipo speedster, con unas líneas curvas de gran atractivo. Se adivinaba un motor en posición central debido a su extenso capó trasero, un bóxer de seis cilindros que superaba los 200 CV y del que nunca se hicieron oficiales sus datos técnicos.

En el interior también se podía ver su condición de prototipo. Unía toques clásicos con otros más futuristas, siguiendo el diseño al que acostumbraba la marca. La instrumentación estaba formada por cinco relojes, con el cuentarevoluciones siempre en medio como dictaban los cánones. Mención especial para las salidas del aire formadas por pequeños ventiladores, a la consola central de aluminio o a la pantalla LCD con navegación y teléfono incorporado.

Tras la buena acogida y tras un desarrollo bastante corto, en 1996 llegaba a la calle el Porsche Boxster 986, la primera generación del modelo. Como avanzamos al principio, se convirtió en un éxito en ventas casi desde el principio y ayudó a salir de la crisis a la marca alemana. También influyó el reajuste del proceso productivo de sus modelos, que tomando algunas directrices de Toyota, consiguió reducir el coste por vehículo y el tiempo de ensamblaje (bajó de 120 a 72 horas).

Con el nuevo modelo y la modernización, todo iría viento en popa en los años siguientes. Poco después llegó un nuevo Porsche 911 (996) que cambiaba la refrigeración por aire a una líquida y seguía funcionando en ventas. En cuanto al Boxster, el resto es historia. Posteriormente se sucederían las generaciones segunda (987) y tercera (981), para llegar a los actuales que han cambiado de denominación.

El Porsche 718 Boxster es la cuarta generación del modelo y se ha visto la evolución principalmente en el aumento de tamaño y potencia. Aunque si hay un cambio principal ha sido la adopción de motores bóxer de cuatro cilindros (de 2.0 y 2.5 litros), como en las décadas de los 50 y 60. Aunque la decisión no gustó a todos los aficionados, lo cierto es que el Boxster sigue manteniendo buenos niveles de ventas y que merece ser destacado por haber salvado a una marca como Porsche.

Fuente – Road & Track

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