La tecnología autónoma en coches, resulta cuanto menos fascinante.
No nos hemos acostumbrado todavía a ver con normalidad la circulación de vehículos sin conductor. Y la verdad es que es normal, básicamente porque su desarrollo todavía se encuentra en una fase inicial.

Seguro que habrás visto como funciona el autopilot de Tesla, incluso puede que hayas comprobado que no siempre es perfecto. Empresas como Google también se han volcado en su desarrollo, otras como Uber han llegado a crear una ciudad artificial para probar el taxi autónomo.

Y es que hablamos de la tecnología autónoma como una gran innovación. Y lo es. Pero eso no significa que sea algo nuevo. De hecho, ¡la primera furgoneta autónoma cumple 31 años! Desarrollada por la Universidad de Carnegie Mellon, el proyecto recibió el nombre de NavLab 1. En este vídeo puedes ver cómo se

Lanzada en 1986, se trata de una furgoneta de dimensiones considerables que en su interior albergaba una serie de ordenadores que se encargaban de registrar y controlar todo tipo de aspectos. Desde la temperatura interior, a la trayectoria según el trazado de la carretera.

La propia universidad de Carnegie Melllon se atribuye la distinción del lugar de nacimiento del coche autónomo. Lo que se puede asegurar es que puso los cimientos de todos los avances del coche autónomo que vinieron detrás.

NavLab, funcionaba a través de un sistema llamado “LIDAR” que se encargaba de registrar el entorno para luego enviar esa información a los ordenadores y así, procesarla.

31 años después, el software que utilizan Google y Uber en sus vehículos parte de la misma idea que el LIDAR. William Whittaker, uno de los creadores del NavLab, en declaraciones al MIT Technology Review afirmaba que todavía queda mucho por hacer para mejorar la conducción autónoma.

Esto coincide con la opinión de muchos expertos de que los primeros vehículos 100% autónomos que saquen las grandes marcas no serán para nada interesantes.

La tecnología autónoma no ha avanzado lo suficiente como para garantizar una conducción autónoma segura en situaciones de lo más banales. En algunos casos se ha observado como el coche confundía una bola de papel en el suelo con una roca. Algo sumamente absurdo que podría desviar el coche hacia un accidente considerable.

Las condiciones metereológicas siguen siendo un gran obstáculo para los sensores autónomos. Algunos ingenieros ven como única solución la programación de algoritmos para adaptarse a según que solución.

El problema, radica en que hay una combinación casi infinita de situaciones complejas para las que habría que programar el coche. De esta premisa, surge como solución la inteligencia artificial. Que consiste básicamente en programar el coche para que por sí solo aprenda a como reaccionar en base a la experiencia.

¿Tardaremos otros 31 años en descubrir la próxima revolución del coche autónomo?

Fuente: MIT Technology Review

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