El idilio del Grupo Volkswagen con el motor W12 es una historia curiosa y digna de contar. Todo se remonta a 1991, cuando vio la luz el Audi Avus quattro, un prototipo de la marca de los cuatro aros que se trataba de un superdeportivo adelantado a su tiempo. Con el paso de los años hemos podido ir viendo este tipo de mecánica en varios modelos de producción de Audi (en el A8), Bentley (siguen montándolo) o Volkswagen (Phaeton o Touareg).

Y precisamente la marca principal, la más convencional y a la que menos le pegaba esa faceta, fue la que lanzó tres prototipos con el motor W12 que seguían un poco la estela de ese Audi Avus quattro. En los tres ejemplares se empleaba el doce cilindros surgido de la unión de dos motores VR6 con un ángulo cerrado de 15 grados entre cilindros y unidos por un cigüeñal formando un ángulo de 72 grados entre ambos bloques.

Volkswagen W12 Syncro 1997

En el Salón de Tokio de 1997 era presentado el Volkswagen W12 Syncro Concept, el primero de esta peculiar saga. Introducía un diseño muy llamativo hecho por la Italdesign de Giorgetto Giugiaro. Destacaba por un frontal de reducidas dimensiones con unos pasos de rueda muy marcados y el habitáculo posicionado en posición adelantada. La zaga se extendía para dar cabida a la mecánica y quedaba rematada por un llamativo alerón, cuatro salidas de escape y unos pilotos traseros curiosamente similares a los del Golf.

Se trataba de un modelo de 4,4 metros de largo, 1,92 metros de ancho y solo 1,10 metros de alto. Desde la vista cenital se apreciaba a través de una cubierta de vidrio el motor W12 montado en posición central. Con sus 5.6 litros conseguía desarrollar 420 CV de potencia que pasaban directamente a las cuatro ruedas. Se trata de casi 100 CV menos que el anterior Audi Avus quattro. El habitáculo era muy minimalista y centrado en la conducción, al fin y al cabo era un prototipo para seguir probando y desarrollando la mecánica.

Volkswagen W12 Roadster 1998

Apenas cuatro meses después de que viera la luz el Syncro, en el Salón de Ginebra de 1998 fue presentado el Volkswagen W12 Roadster Concept. Lo cierto es que este prototipo no tenía demasiadas novedades y se trataba de una versión descapotable del anterior. A pesar de desprenderse por completo del techo, montaba unas llamativas puertas con apertura tipo alas de mariposa.

El roadster contaba con un parabrisas panorámico que quedaba unido a las ventanillas laterales y en su frontal recibía unas nuevas tomas de aire. Se veía obligado a prescindir de la cubierta de vidrio, por lo que el W12 quedaba parcialmente oculto. Aunque sus cifras de potencia eran idéntica, que este descapotable se cambió la tracción total por la propulsión. Hacía el 0 a 100 km/h en apenas 4 segundos.

Volkswagen W12 Nardo 2001

En la marca alemana siguieron con el desarrollo de este concepto y en el Salón de Tokio de 2001 volvieron a la carga con el Volkswagen W12 Nardo (o W12 a secas). También era un prototipo y su diseño era bastante similar a lo presentado anteriormente, pero introducía algunas novedades notables. Este coupé se beneficiaba de mejoras en su mecánica, el W12 ahora alcanzaba los 6.0 litros de cilindrada y era más potente.

Desarrollaba 600 CV y 621 Nm de par, al tiempo que mantenía un peso de 1.200 kg, por lo que sus prestaciones eran de infarto. Era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 3,5 segundos y su velocidad máxima estaba cifrada en 350 km/h. Debía su nombre al mítico circuito oval situado al sur de Italia y allí fue el año siguiente a batir récords.

Lo hicieron con una nueva versión del prototipo más ligera gracias al uso de la fibra de carbono. El motor W12 de 6.0 litros se quedó en unos nada despreciables 239 kg. Lo cierto es que solo pretendían probar la fiabilidad del motor, pero tras rodar 24 horas seguidas en Nardo se comprobó que había batido hasta cinco récords mundiales. Recorrió 7.749 kilómetros en ese tiempo, lo que se traduce en una velocidad media de 322,9 km/h.

Tras este éxito durante la fase de desarrollo, el siguiente paso habría sido llevarlo a producción. Volkswagen se planteó lanzar una tirada limitada a 150 unidades, pues era algo factible y podría tener éxito. Sin embargo, el grupo alemán había adquirido recientemente Bugatti y trabajaba paralelamente en el Veyron con su motor W16. Finalmente fue éste último el que llegó a los concesionarios y Volkswagen se quedó sin superdeportivo pero empleando el motor W12 en algunos de sus productos.

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