Los hay que llenan el depósito en la primera gasolinera que encuentran. Otros, siempre van a la que tienen cerca de casa. Algunos, solo repostan en la gasolinera cuya tarjeta de fidelización guardan en la cartera. Otros se conocen los precios de todas las estaciones de servicio y solo acuden a la más barata. Los más modernos utilizan toda una serie de aplicaciones para ahorrar hasta el último céntimo. Pero ningunos como los habitantes de Martelange, el pueblo con más gasolineras del mundo. Ellos lo tienen claro, siempre hay que repostar en el lado derecho de la carretera.

¿Qué puede hacer que un pueblo tenga una gasolinera por cada 125 habitantes? O todos los vecinos de Martelange son camioneros o, quizás, la razón hay que buscarla en otro sitio. En este caso, como en muchas de estas situaciones, el motivo oculto es la existencia de una frontera. Si se miran los datos de ventas de tabaco en Gibraltar o Andorra sería normal pensar que todos los vecinos de estos pequeños países sufren de cáncer de pulmón. Pero, la auténtica razón de esas ventas es que los del país vecino acuden atraídos por mejores precios. Lo mismo que ocurre en Martelange.

El origen del curioso caso de Martelange

Como en muchas de las situaciones que nos parecen ya normales en nuestro día a día, el origen hay que buscarlo en sucesos excepcionales ocurridos hace cientos de años. Esto pasa en el caso de las decenas de gasolineras que se encuentran en una de las márgenes de la carretera nacional que cruza el pueblo de Martelange.

El pueblo con más gasolineras

Este pequeño pueblo, de apenas 1.800 habitantes, se encuentra situado en el territorio que anteriormente pertenecía al Gran Ducado de Luxemburgo. La ruta que lo cruza, la Nacional 4, era la vía principal para llegar al pequeño país desde Bélgica y, por lo tanto, del Reino Unido de los Países Bajos, estado al que pertenecían ambos hasta la Revolución Belga de 1830. La principal importancia de Martelange era esta, estar en plena vía de comercio.

La Revolución Belga supuso la independencia para Bélgica y Luxemburgo, pero también trajo malas noticias para el Gran Ducado. Con el Tratado de Londres de 1839 se llevó a cabo un reparto artificial de los territorios. Bélgica conseguía su independencia, pero tenía que renunciar a ciertas zonas. A cambio, consiguió otras que le fueron arrebatadas a Luxemburgo. El Gran Ducado ya no era tal al ver cómo más de la mitad de su territorio le era arrebatado.

Estos sucesos, como no podía ser de otro modo, afectaron al pequeño pueblo de Martelange, que estaba situado en tierras luxemburguesas, pero no muy lejos de Bélgica. Con la nueva repartición de los territorios, Martelange pasaba a ser ahora belga, situado en plena frontera.

Como pasaría más tarde en África y en otros muchos lugares, el reparto artificial de tierras se mostró poco preciso y adecuado en muchas situaciones. Martelange, a pesar de su pequeño tamaño, estaba partido en varias zonas. Al sur, a unos 100 metros de la zona centro, se levantaban algunas casas. Esto debió de pasar inadvertido para los gerifaltes que desde sus despachos trazaron los planos, ya que al trazar las líneas dejaron esta parte de del pueblo en tierras luxemburguesas. Martelange había sido partido en dos.

Martelange, el pueblo con más gasolineras del mundo

La Nacional 4 belga cruza de norte a sur Martelange en su camino desde Bruselas hasta Luxemburgo. En menos de 2 horas puedes llegar a la capital belga y, en 40 minutos, estás en la capital luxemburguesa. Este corte vertical deja al Martelange belga a la izquierda del mapa y a Haut-Martelange (el nombre que adquirió el pueblo de la zona del Gran Ducado) a la derecha.

La partición se hizo tomando como base la carretera. Por lo tanto, solo unos metros separan ambos países. Esta separación se hizo más inapreciable con el tratado para la creación del Benelux, una unión aduanera y económica de Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo firmada en primer lugar en 1921.

Después de una guerra para su separación, volvían a unir los caminos. Sus fronteras desaparecían y sus ciudadanos podían moverse libremente, algo que vino a acreditar posteriormente la Unión Europea. Los vecinos de ambos Martelange podían cruzar con total libertad.

Esto favoreció el intercambio comercial en este pequeño pueblo, sobre todo inclinado hacia un lado. Son por todos conocidas las ventajas fiscales del pequeño país centroeuropeo que han llevado a algunos a catalogar a Luxemburgo como un paraíso fiscal en el corazón de la Unión Europea. Esta carga impositiva más laxa ha llevado a muchas grandes compañías a trasladar allí sus negocios ahorrándose así cientos de millones en impuestos. Algo parecido, pero en una escala mucho menor, ocurre en Martelange.

Si con cruzar la carretera puedo montar un negocio ahorrándome unos cuantos euros al mes, por qué no voy a hacerlo. De este modo empezaron a proliferar en la margen derecha de la carretera multitud de negocios, mientras que la parte izquierda se limitaba a espacio residencial.

Entre estos negocios levantados en suelo luxemburgués abundan las gasolineras, que pueden ofrecer un precio más bajo y conseguir además unas mayores ganancias. Esta gran presencia de estaciones de servicio tiene también su parte mala.

Además del continuo tráfico, también presenta cierta peligrosidad. Como en 1967, cuando un camión cisterna volcó con 45 toneladas de gas licuado en su interior destruyendo todo el centro del pueblo,  costándole la vida a 22 personas e hiriendo a 59. Esto no asustó a los habitantes de Martelange y Haut-Martelange que volvieron a levantarlo todo y siguieron con el negocio. Ni una guerra, ni una frontera ni una explosión pueden vencer a Martelange, el pueblo con más gasolineras del mundo.

Fuente: MartelangeFronterasblog, Journal,

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