Aunque los monovolúmenes no pasan por su mejor momento en cuanto a ventas, fueron muy importantes hace unos años. Su clave siempre ha sido la modularidad y el espacio interior, que permite a los usuarios viajar con comodidad y llevando sus pertenencias. Ahora toca echar la vista atrás y remontarse al origen, a la década de 1930. Por aquel entonces aparecía el Stout Scarab, considerado como el primer movonolumen (sin contar al peculiar A.L.F.A. 40/60 HP de 1914), que tiene una historia de lo más interesante.

En Estados Unidos, la figura de William Bushnell Stout fue bien conocida durante la primera mitad del siglo pasado. El ingeniero ocupaba una posición respetable en Packard y también poseía su propia compañía aeronáutica (Stout Metal Airplane Company). Pero sus inquietudes fueron a más y decidió hacer su propio vehículo, uno que pudiera servirle como oficina durante sus viajes. El primer prototipo estaba listo en 1932 gracias a la ayuda del ingeniero John Tjaarda y la versión de producción llegaría en 1935.

Tomaba un concepto bastante inusual, pues el motor V8 de origen Ford iba situado en posición trasera, con la transmisión automática colocada muy cerca y dando los 85 CV al eje posterior. Eso hacía que no afectase al habitáculo, que contaba con un espacio muy generoso y un suelo totalmente plano (al no tener árbol de transmisión). A esto también ayudaba la estructura monocasco, que permitía eliminar los  habituales estribos mejorando la amplitud.

El interior del Stout Starab suponía una auténtica revolución. Utilizaba asientos modulables que se podían colocar en varias posiciones para adaptarse a las necesidades del usuario. De hecho, incluso se podía montar una pequeña mesa plegable, una solución que ha sido heredada en la actualidad por algunas furgonetas. También se hacía uso de materiales de calidad para que fuera un habitáculo lujoso y lleno de detalles.

Ese era uno de los motivos por el que el Stout Scarab tenía un precio muy elevado. Aunque se había previsto producir unas cien unidades al año, los 5.000 dólares que costaba hicieron que solamente vendieran nueve unidades. Aunque a nivel comercial no llegaría a triunfar, su popularidad creció considerablemente debido al rol que adoptó una de esas unidades durante la Segunda Guerra Mundial.

El por aquel entonces general (y después presidente) Dwight D. Eisenhower estuvo utilizando uno de esos Stout Scarab durante su estancia en el norte de África. Al final de la guerra, el americano decidió regalar dicho vehículo a su aliado francés, el general Charles de Gaulle. Sin embargo, no llegaría a utilizarlo demasiado y al tiempo terminó convirtiéndose en el medio de transporte de un circo ambulante. Por suerte, esa unidad fue rescatada y actualmente está completamente restaurada.

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