El Mercedes Clase G es un vehículo en peligro de extinción. Se trata de uno de los pocos todoterrenos puros que quedan en el mercado y se resiste a desaparecer tras más de 38 años en el mercado. Es uno de los coches más antiguos que aún se fabrican y desde su lanzamiento en 1979 apenas ha recibido cambios. A pesar de ello, este 4×4 sigue teniendo un público muy fiel y sus cualidades se mantienen de forma inexorable.

Para comprender la dimensión paralela en la que está el Mercedes Clase G hay que remontarse a su lugar de nacimiento. Su ensamblaje no tiene lugar en ninguna de las fábricas de la marca, sino en la manufactura de Graz (Austria) que es propiedad de Magna Steyr. Así ha sido desde el comienzo, en un proceso más artesanal que en otros modelos, dedicando 100 horas de trabajo a cada ejemplar (casi el triple que en otros modelos). En los 38 años han salido 300.000 unidades de la línea de montaje.

Todo apunta a que el año que viene será desvelada la nueva generación del Clase G, con la que será probablemente la actualización más importante en su vida comercial. Pero hasta entonces, nosotros hemos tenido la oportunidad de probar el Mercedes-Benz G 350d, la versión de acceso a la gama. Lo hemos hecho donde más destaca este modelo, en un circuito off-road y con una serie de pruebas que pondrían en apuros a la mayoría de SUV del mercado.

Vadeo

Tras haber pasado la mayoría del día probando la gama SUV de Mercedes (entre ellos este Mercedes GLC 220d) el plato fuerte se dejaba para el final. Dejábamos a los modelos más sibaritas y entrábamos al circuito off-road con los más capaces: nuestro Mercedes-Benz G 350d y el Mercedes GLE, que no podía enfrentarse a la totalidad de las pruebas. El primer escenario era simple pero efectivo, un foso lleno de agua para hacer un vadeo.

Esta prueba para la mayoría de turismos sería imposible de realizar sin consecuencias, pero para un Clase G fue coser y cantar. Con una profundidad de vadeo de hasta 60 centímetros íbamos sobrados y solamente nos teníamos que preocupar por las pendientes de entrada y salida al foso. Esta prueba también la conseguía el Mercedes GLE aunque había que tener cuidado, pues rozaba al hacer la aproximación al agua.

Foso con barro

La siguiente prueba a la que nos enfrentamos fue un foso con barro. Fue un juego de niños para el Clase G, pues manteniendo la velocidad lo afrontaba como si fuera asfalto firme. Este escenario era el más flojo y probablemente hubiera sido superado por la mayoría de SUV con cierta altura libre al suelo. En nuestro caso tenemos hasta 23,5 centímetros de distancia hasta el suelo, así que no había de qué preocuparse.

En el caso de que hubiese habido más barro tampoco creo que nos hubiéramos quedado atascados. Para estas situaciones el Mercedes-Benz Clase G cuenta con tres bloqueos de diferencial, que garantiza una adherencia ideal en cualquier situación. A través de las teclas de la consola central se pueden ir activando el diferencial central, el diferencial trasero y el diferencial delantero; por ese orden. En esta situación valdría con que una solo rueda tuviera tracción para salir del paso.

Inclinación lateral

La inclinación lateral fue otra de las pruebas a las que nos enfrentamos en esta jornada. Aunque en las fotos pueda parecer algo sencillo, lo cierto es que la inclinación de la pared era más de lo que parece y había que seguir algunas indicaciones de seguridad. La teoría nos dice que el Clase G se puede enfrentar hasta un 54% de inclinación lateral manteniendo el total de estabilidad y sin correr riesgo de volcar.

Lo comprobamos de primera mano y lo cierto es que impresiona la seguridad que muestra el todoterreno. Da la sensación de que no volcaría ni enfrentándolo a un ángulo superior. A estas alturas no está de más recordar que estamos ante la versión menos potente, con motor V6 turbodiésel de 3.0 litros  de 245 CV y 600 Nm de par. Por encima están los gasolina, el G 500 con motor V8 y 421 CV y los AMG G 63 (V8 de 571 CV) y AMG G 65 (V12 de 630 CV).

Cruce de puentes

La siguiente prueba era el cruce de puentes, una maniobra en la que el coche entraba en un carril con inclinación por ambos lados. Las premisas eran que debíamos entrar rectos y a velocidad reducida para luego empezar a ‘jugar’ y ganar inclinación hacia cualquiera de los lados. En esta situación se podía llegar a conseguir que dos ruedas opuestas de cada eje quedaran en el aire, algo de lo que no saldría airoso cualquier vehículo.

Pero el Mercedes-Benz Clase G con sus tres diferenciales no tenía problemas, encontrando rápidamente tracción en las ruedas apoyadas y saliendo sin problemas. Aquí también influye el bastidor de travesaños que lleva este modelo y que se traduce en una estabilidad y una resistencia ejemplares. También es de los pocos que en la actualidad cuenta con dos ejes rígidos, lo que facilita el contacto de las ruedas con el suelo.

Puente inclinado

La guinda quedaba para el postre. El último escenario de nuestro circuito off-road era un llamativo puente inclinado. Al igual que con otras pruebas, las fotos no hacen justicia a la dificultad de la misma. El Mercedes-Benz G 350d era el único de los modelos capaz de enfrentarse al puente. En primer lugar por sus ángulos de ataque y de salida, de 30º cada uno para asegurarnos que no rozarían sus bajos en ningún lado.

Una vez solventado el primer problema tocaba afrontar la rampa de ascenso. El Mercedes Clase G tiene una capacidad ascensional del 100% lo que corresponde a una pendiente de 45º. No hay que olvidar que es un coche que supera las dos toneladas y media, es por eso que sorprende su capacidad de subir. Contamos con la ayuda del ‘Low Range’, una desmultiplicación para todoterreno que adapta las relaciones del cambio para adecuarse a este tipo de situaciones.

Disfrutamos de una subida lenta y sin miramientos para detenernos en la parte alta del puente. Esto tampoco supone un gran impedimento gracias al ángulo de rampa de 24º que se consigue gracias a los 2,85 metros de distancia entre ejes que tiene el Clase G. Para la bajada podríamos activar el control de descenso en pendientes, pero nos dicen que no es necesario. Así que vamos soltando el freno poco a poco con el pecho oprimido por el cinturón y la sensación de estar en una montaña rusa.

Cuando ya le estamos terminando de coger el gusto al Mercedes-Benz G 350d la jornada toca a su fin y nos tenemos que despedir de él. Nos quedamos con ganas de realizar una prueba más a fondo para poder juzgar otras cosas. Aunque haya sido poco tiempo y las pruebas precisabas de concentración, no pasaba desapercibida la calidad y artesanía de su interior. Nos queda la duda de cómo se desenvolverá en carretera abierta esta bestia, que es sin duda uno de los coches más especiales que quedan en el mercado.

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