El Volkswagen Polo es una institución si hablamos de utilitarios, pero también un modelo clave para la marca alemana. Apareció por primera vez en el año 1975 y ya lleva seis generaciones a sus espaldas. En sus 43 años de vida se ha podido ver como triunfaba, eso es indudable si tenemos en cuenta de que se han vendido nada menos que 16 millones de unidades hasta el momento. Ahora nos encontramos con la última generación para comprobar cuál es la clave de su éxito.

El actual Polo, asentado sobre la plataforma MQB A0 (la misma que emplea el Seat Ibiza) poco tiene que ver con el primero que salió en la década de los 70. Es uno de los ejemplos perfectos para entender el crecimiento de dimensiones que ha experimentado los coches en los últimos años. Basta con decir que el Polo original, basado en el Audi 50 y diseñado por Bertone, tenía una longitud medio metro inferior y un peso de unos 400 kg menos.

Con este tamaño equiparable a las primeras generaciones de su hermano mayor, el Volkswagen Golf, nos encontramos con un vehículo más maduro. Parece que con la sexta generación quiere asentarse como una de las opciones más capaces y refinadas del segmento B. Ponemos a prueba al Volkswagen Polo 1.0 TSI 95 CV DSG, una versión bastante equilibrada de la que hemos podido sacar unas cuantas conclusiones interesantes.

Exterior

Si empezamos con el análisis del Volkswagen Polo por su exterior solamente se confirma lo anteriormente dicho. Aunque no hay cambios muy significativos respecto a la anterior generación, lo cierto es que gana un puntito de madurez. Sus líneas ahora son más horizontales y marcadas, algo que se ve a la perfección en el frontal. Allí encontramos una nueva y estrecha parrilla, surcada por una fina línea cromada y flanqueada por unos nuevos faros delanteros.

En la parte inferior del paragolpes delantero encontramos dos pequeñas rejillas y unos antinieblas trapezoidales. La silueta del Polo es la parte que menos cambia. En este caso se aprecia una carrocería de cinco puertas, pues al igual de la mayoría de modelos del segmento, la marca ha decidido desechar la de tres puertas. Del perfil la parte más llamativa son sus llantas de 17 pulgadas, que son opcionales y tienen un acabado bitono.

La zaga del Volkswagen Polo es probablemente la parte más sobria. Aquí apenas encontramos cambios y destaca por el spoiler que parte del techo y unos nuevos pilotos traseros con una firma lumínica más reconocible y parcialmente oscurecidos. En la parte inferior se observa un paragolpes ligeramente rediseñado y en la parte inferior un pequeño difusor que va en color negro haciendo contraste.

Dando una vuelta a su alrededor era fácil percibir el aumento de dimensiones del que hablamos al principio. El nuevo Polo tiene una longitud de 4,05 metros, una anchura de 1,75 metros y una altura de 1,44 metros. Eso significa que es ligeramente más largo y más ancho que su antecesor, mientras que su altura se reduce. La distancia entre ejes también se extiende de manera notable hasta los 2,56 metros, por lo que veremos mejoras en el espacio interior.

Interior

Al pasar al interior nos encontramos con la atmósfera típica de Volkswagen, algo sobria pero bien resuelta. En primer vistazo lo que más llama la atención es la pantalla táctil de 8 pulgadas que está ligeramente dirigida hacia el conductor. Va ligada al sistema multimedia Discover Media (un extra de 760 euros), que destaca por su facilidad de uso, con menús simples e intuitivos, y por su conectividad avanzada (con Apple CarPlay y Android Auto). El tacto de la propia pantalla también mejor y ofrece sensaciones similares a las de un smartphone.

Si seguimos recorriendo el eje vertical, justo por debajo de la pantalla encontraremos los aireadores y los propios controles de la climatización. Son unos mandos más simples y tradicionales, pero con una efectividad indudable. La parte de la consola central está reservada a un hueco portaobjetos generoso (en el interior del Polo están bastante aprovechados), a la palanca del cambio y algunos botones que controlarán funciones de los controles de aparcamiento o del sistema de Start&Stop.

El puesto de conducción nos encontramos un volante multifunción bastante tradicional con el brazo inferior en Piano Black. Debido a que estamos probando una variante automática, tras él encontramos dos pequeñas levas solidarias que giran con la columna de la dirección. Aunque en nuestra unidad encontramos una instrumentación analógica con dos grandes esferas, por primera vez se puede incluir el Digital Cockpit en este modelo de forma opcional.

Si hablamos de calidad, no podemos dudar que el Volkswagen Polo es uno de los referentes en el segmento B. Habrá muy pocos a la altura de sus acabados, que no buscan el lujo, pero están muy bien resueltos. La parte superior del salpicadero trae un plástico blando bastante agradable al tacto y en nuestra unidad se montan algunas molduras grises que no desentonan. El plástico duro de las puertas y la parte inferior es lo único que se queda algo atrás. En este apartado hasta destaca la tapicería de tela de los asientos.

Como decíamos, el Polo tiene unas dimensiones casi propias de un segmento superior. Eso conlleva que su habitabilidad sea muy buena para tratarse de un utilitario. En las plazas delanteras sobran centímetros en todas las cotas (sorprende su altura libre al techo), mientras que las traseras no se quedan atrás. El espacio para las rodillas es bueno, si bien la plaza central carece de forma y tiene un túnel de transmisión bastante prominente, lo que viene siendo la tónica del segmento.

Maletero

Cuando veíamos la ficha técnica de este modelo por primera vez uno de los datos que más sorprendían era la capacidad de su maletero. Con 351 litros se posiciona bastante por encima de la media del segmento y supone un crecimiento de 71 litros respecto al modelo saliente. A esta capacidad hay que sumar la distribución, pues cuenta con unas líneas rectas que lo hacen muy aprovechable. Lástima que la boca de carga quede a una altura bastante elevada.

El piso se puede colocar en varias posiciones en función a las necesidades de cada uno. Y bajo ese piso nos sorprende encontrar espacio suficiente para una rueda de repuesto (de emergencia, eso sí). A pesar de ello nuestra unidad llevaba el típico kit antipinchazos. Para las ocasiones que se requiera más espacio bastará con abatir la segunda fila de asientos en dos partes (60:40) para obtener una capacidad de hasta 1.125 litros y una superficie prácticamente plana.

Equipamiento

Si queremos adquirir un Volkswagen Polo, en nuestro país hay disponibles tres niveles de equipamiento para elegir. Arranca con el Edition, que ya cuenta con llantas de 14 pulgadas, luz diurna o el Front Assist con frenada de emergencia en ciudad y detección de peatones. Más completo llega el Advanced, que suma elementos como las llantas de 15 pulgadas, el volante multifunción, el climatizador o el detector de fatiga.

Para los que quieran seguir subiendo en el escalafón está el acabado Sport, precisamente el que lleva nuestra unidad de pruebas. Suma elementos como volante y palanca de cambios en cuero, iluminación ambiental LED o los sensores de aparcamiento. El ejemplar de las fotos además montaba algunos extras como las llantas de 17 pulgadas, el sistema multimedia más alto de gama, la cámara de marcha atrás o el Park Assist.

Lo cierto es que es posible seguir equipando el Polo hasta límites insospechados. Hay varios paquetes para su aspecto exterior e interior, como el R-Line o el Style. También acaba de salir el Volkswagen Polo Beats, que suma equipamiento como el sistema de sonido de dicha compañía y otras muchas cosas. En otro nivel queda situado el Volkswagen Golf GTI, la versión deportiva que viene con prácticamente todo el equipamiento y que clasificamos aparte.

Motor

La gama de motores del Volkswagen Polo es de lo más completa y hay opciones con varios combustibles. Si empezamos por el diésel nos encontramos con el 1.6 TDI en dos niveles de potencia: 80 y 95 CV. El de acceso es solo manual y el más potente también acepta cambio automático. En gasolina hay más donde elegir. Arranca con un atmosférico 1.0 MPI que puede tener 65 o 75 CV y que va solamente con el cambio manual.

Aunque el verdadero protagonista es el tres cilindros 1.0 TSI que se ofrece con dos niveles de potencia: 95 o 115 CV. Ambos pueden ir con cambio manual o con transmisión automática y el superior es el tope de gama momentáneamente (sin contar con el poderoso GTI con el 2.0 TSI y 200 CV). Incluso hay hueco para una variante movida por GNC: el Polo TGI. Nuestra unidad de pruebas lleva una de las opciones más equilibradas.

El 1.0 TSI de 95 CV con el cambio automático DSG de siete velocidades promete en su ficha técnica buenas cifras de prestaciones y consumos, que posteriormente veremos como se reflejan en la vida real. Partimos con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,8 segundos y una velocidad máxima de 187 km/h. También un consumo medio homologado de 4,7 l/100km y unas emisiones de CO2 de 107 g/km. Estos últimos datos son algo superiores que en su homónimo con cambio manual.

Comportamiento

Siempre que vamos a montar en un tres cilindros (y más en uno que se queda en 999 cc) tenemos ese prejuicio infundado sobre su comportamiento. La primera toma de contacto es muy positiva, pues al arrancarlo apenas llegan el ruido y las vibraciones al interior. Se debe a un buen trabajo en el aislamiento del habitáculo, pero también al refinamiento de la mecánica. La prueba definitiva nos llega en ciudad mientras está funcionando el Start&Stop de una forma casi imperceptible que a veces nos obliga a mirar el tacómetro para comprobar si está encendido.

Si que es cierto que desde fuera tiene ese sonido típico de tres cilindros, algo metálico, pero en absoluto molesto. Durante la conducción solo será perceptible a altas vueltas, en una zona donde el 1.0 TSI ya no destaca. Porque hay que decir que lo mejor de este motor está en su zona media del cuentarevoluciones. Ahí es donde saca su vitalidad y desparpajo, donde notamos que los 95 CV de potencia y 175 Nm de par son más que suficiente para este modelo de apenas 1.145 kg.

A bajas vueltas no es que le falte brío, pero si que puede acusar unos desarrollos del cambio bastante largos. La conocida transmisión de doble embrague DSG7 funciona de forma precisa y satisfactoria, pero hay que reconocer que busca la eficiencia por encima de todo (al menos en modo normal). Es una gran aliada para los bajos consumos y para los trayectos en ciudad. Eso sí, para el que quiera disfrutar más de la conducción es recomendable probar el modo ‘Sport’ del cambio, o mejor, cambiar directamente con las levas.

Porque este Volkswagen Polo parece estar capacitado para cualquier tarea que se le ponga por delante. Esto se debe a que monta uno de los chasis más equilibrados entre los utilitarios, del que no podemos sacar apenas puntos negativos. No es deportivo, pero se muestra preciso y las sensaciones al volante son buenas. Además en autovías muestra el aplomo de un vehículo de un segmento superior y en ciudad cuenta con una comodidad envidiable.

Esta polivalencia y facilidad de conducción son un punto a favor muy importante y se logran también gracias a la puesta a punto de algunos elementos como la suspensión, que presenta el tarado muy proporcionado. La dirección va en la misma línea, siendo bastante comunicativa pero con un exceso de asistencia, algo que viene siendo la tónica en la mayoría de vehículos nuevos que se lanzan.

Una de las anécdotas del Polo que más ha llamado nuestra atención es que montase frenos de tambor en el eje trasero. No es que se note demasiado en una conducción normal, pero en un coche de su precio ya podrían haber optado por los discos. Terminamos hablando de los consumos, que se quedan bastante alejados de lo homologado. En nuestra prueba logramos una media de 6,9 litros, aunque hay que decir que frecuentamos carreteras secundarias y no buscamos una conducción eficiente. En todo caso, si se tiene cuidado con el pie derecho, se pueden lograr cifras situadas entre los 5 y los 6 litros.

Opinión coches.com

El Volkswagen Polo 1.0 TSI 95 CV DSG que probamos esta semana es un coche que valorar obligatoriamente si se está pensando en adquirir un segmento B. Aunque su imagen exterior pueda ser algo sobria y el habitáculo un poco sobrio, destaca por otros aspectos fundamentales. Es un claro referente si hablamos de acabados y calidad, mientras que las nuevas dimensiones dotan a su interior de una habitabilidad notable.

El chasis de este modelo siempre es un acierto y una apuesta segura. Destaca por polivalencia y por cumplir en cualquier ámbito y tipo de vía. La mecánica de tres cilindros 1.0 TSI con 95 CV y ligada al cambio automático es una opción intermedia bastante interesante. No tiene unas prestaciones desmesuradas pero lo encontramos suficiente para el día a día y la comodidad del DSG convierte a la ciudad en su aliada. El punto negativo en este caso sería su precio, bastante por encima del de la mayoría de rivales.

Volkswagen Polo 1.0 TSI 95 CV DSG
7.8 Nota
Lo mejor
  • Interior y maletero muy amplios
  • Calidad y acabados por encima de la media
  • Comportamiento dinámico ejemplar
Lo peor
  • Precio por encima de sus rivales
  • Frenos de tambor traseros
  • Equipamiento de serie algo justo
Diseño7.5
Habitabilidad8
Acabados8.5
Maletero8
Equipamiento7
Motor8
Comportamiento8.5
Calidad Precio7

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