Proseguimos con el repaso de la historia del Chevrolet Corvette en vídeo con la cuarta generación, que tenía ese diseño ingenuo y fesco de los años 80.

Su diseñador, Jerry Palmer logró uno de los mejores coeficientes aerodinámicos de su época, 0,34 CX gracias al parabrisas plano con un ángulo de inclinación de 64 grados. Su mejor trabajo fue la luneta trasera panorámica, con el cristal de mayor tamaño en un coche americano hasta la fecha.

El Corvette C4 de 1984 era 16 centímetros más corto que su predecesor y se quedó en los 4,48 metros de largo. Apenas medía 1,19 metros de alto (de ahí su aerodinámica y lo bien que se agarraba al suelo). Dos años después, en 1986, se lanzó una versión descapotable, cuyo techo desaparecía bajo una cubierta plana. Había pasado ya una década desde el anterior Corvette cabrio y, a pesar de que era más caro, fue todo un éxito de ventas.

Un signo de los tiempos fue su reducción de consumo y eso llegó con motores menos salvajes que los anteriores. Sólo estaba disponible con motores V8 de 5,7 litros y, a pesar de pasar de 205 a 230 CV, ahorraba un 11% de combustible. En 1989 una caja de cambios manual de seis velocidades de ZF redujo aún más el consumo.

Su motor estaba situado más en el centro para mejorar la manejabilidad y la distribución del peso,  y el túnel de transmisión más ancho le proporcionó más rigidez de torsión a la carrocería. La seguridad activa se incrementó con el ABS (1987) y el control de tracción (1992). En 1997, sería sustituido por el C5, tras 358.000 unidades vendidas.

Fuente: Chevrolet

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