Existen pocos coches más míticos para el ciudadano de a pie que el Citroën 2CV.  Para los más veteranos, el dos caballos es un sinónimo de fiabilidad, un auténtico todoterreno que revolucionó el mundo del automóvil. Puede que los más jóvenes solo recuerden su peculiar estética, con esas formas redondas y sus destacados faros. En definitiva, ha pasado a la historia por muchos aspectos, incluido por la creencia (verdadera o falsa) de que era imposible volcar un 2CV. Veamos si es un mito o no.

El coche del pueblo francés

¿Es imposible volcar un 2cv?

Si los alemanes se mostraban orgullosos de su Volkswagen, los franceses no querían ser menos y también trabajaron para tener su coche del pueblo. Como no podía ser de otra manera, Citroën era el encargado de llevar a cabo dicho trabajo.

En la década de los años treinta, el ingeniero André Lefebvre y el diseñador italiano Flaminio Bertoni recibieron el encargo de fabricar un coche barato, fácil de conducir y que aguantara sin romperse la dura vida del campo. El objetivo no era crear un automóvil para deslumbrar a las clases altas francesas, la meta era crear un vehículo lo suficientemente sólido como para que los campesinos cambiaran su carro por él sin temor a que una zanja, un surco o un exceso de peso echaran al traste su inversión.

Aunque los primeros prototipos estuvieron listos para 1937 y ya empezaron a cruzar campos y sembrados, la llegada de la Segunda Guerra Mundial paralizó el proyecto. La prioridad era otra, todos los esfuerzos estaban centrados en el apartado militar e, incluso, se destruyeron los planos del 2CV para evitar que llegaran a manos nazis.

Acabada la guerra, se retomó el proyecto, también por la necesidad de relanzar la industria después del desastre bélico. En 1948, en el Salón del Automóvil de París, se presentó oficialmente el Citroën 2CV. Aunque seguía manteniendo la esencia de los primeros prototipos, había sufrido importantes cambios por el camino. Pero seguía siendo un seguro en cuanto a resistencia.

¿Es imposible volcar un 2CV?

En su largo e importante recorrido mucho se ha hablado del 2CV. Uno de los hechos más discutidos era un saber popular que aseguraba que el Citroën 2V era imposible de volcar. Durante muchos años se creyó esto, pero un vídeo vino a desmontar el mito.

Siendo justos, hay que admitir que el 2CV es casi imposible de volcar. Hay que ponerle mucho empeño y hacer una acción poco común para que el mítico Citroën pierda la verticalidad. El tren de rodaje y su sistema de suspensión, con un elemento elástico que une las dos ruedas de cada eje para absorber el movimiento, permiten que el coche se incline, incluso casi se tumbe, pero nunca llegue a ceder del todo. También ayuda su poco peso, su bajo centro de gravedad y sus neumáticos estrechos.

Todo esto supone una importante barrera que convierte al 2CV en un coche casi imposible de volcar. Decimos casi porque alguien lo consiguió. Internet está lleno de gente dando giros sin parar a su 2CV, o vídeos con unos cuantos garrulos zarandeándolo a ver si así cede, pero ni por esas.

La técnica para volcar un 2CV es otra. La clave está en el J-Turn, una maniobra muy vista en películas de acción. Esta consiste en conducir marcha atrás y realizar un giro brusco de manera que el coche quede dispuesto hacia delante. Es común verlo en las películas a la hora de hacer un aparcamiento para despistar a los que les persiguen.

Eso sí, es buena idea siempre que no se conduzca un Citroën 2CV. El latigazo del movimiento en la parte delantera provoca que el coche se desestabilice por el peso del motor y acabe volcando. Una acción solo apta para expertos y que el conductor medio no va a realizar nunca, por lo que decir que el 2CV es imposible de volcar tampoco es una gran mentira. Como se suele decir, no intenten hacerlo en casa.

Fuente: Infobae, El Mundo, AutonocionRacingang.

1 COMENTARIO

  1. ¿Seguro que no la vas a realizar nunca?
    Con mi Ford Fiesta del ’93 era algo habitual. Si no tenías ganas de hacer maniobras para salir una calle sin salida… dabas marcha atrás, acelerabas y girabas. ¡Qué coche!

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