A día de hoy la gran mayoría de coches nuevos que se venden son SUV. Este segmento ha alcanzado una popularidad prácticamente sin precedentes, llegando a inundar las carreteras de la mayoría de países (al menos en nuestro continente). Sin embargo, está más que comprobado que muchas veces no son los vehículos más prácticos y mucho menos los más eficientes. De eso nos dimos cuenta recientemente probando el Audi A4 Avant.

La carrocería familiar siempre ha ocupado una posición algo reservada, siendo amada por unos cuantos usuarios e incomprendida por una gran mayoría. Y precisamente ahora que los SUV están tan de moda, parece que los familiares pueden tener más sentido que nunca. Al fin y al cabo, se trata de coches muy prácticos, que ofrecen unas plazas generosas y un maletero muy destacado gracias a las formas de la carrocería. Aunque los SUV parezcan más grandes no siempre serán más amplios.

A igualdad de tamaño, muchas veces los familiares ofrecen mayores cotas que los propios SUV, siendo la única ventaja de éstos la mayor altura y el acceso a las plazas traseras. Por no hablar de la economía y la eficiencia. No hace falta ser ingeniero para saber que las formas de los SUV no benefician en absoluto a la aerodinámica, por lo que un familiar siempre logrará mejores valores y eso repercutirá en consumos más contenidos.

Y tras conducir durante una semana el Audi A4 Avant, hay otro factor que nos parece clave para entender la diferencia entre un SUV y un familiar: su dinámica. Otro de los grandes «peros» de la carrocería crossover es su elevado centro de gravedad, lo que deriva en un comportamiento algo más torpe con la aparición de balanceos en la carrocería. En un familiar como este las sensaciones son más fluidas y placenteras, basta con ver el vídeo anterior para comprobar todas las bondades que puede llegar a ofrecer.

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