Morgan es una marca relativamente desconocida, pero con un gran valor. En 1909, Henry Francis Stanley Morgan fabricaba un vehículo monoplaza de tres ruedas que sería el comienzo de todo. Los comienzos fueron difíciles, pero una idea se mantuvo, la de hacer ‘three wheelers’. Estos triciclos ganaron popularidad debido a su bajo precio, al no ser considerados automóviles por el número de ruedas y pagar menos impuestos.

De esta forma se conseguía constituir la empresa ‘The Morgan Motor Company’ en 1912. Las guerras mundiales (sobre todo la Segunda) paralizaron la actividad, pero después la firma británica siguió operando de su particular manera. En la actualidad sigue viva a través de Charles Morgan, nieto del fundador y fiel seguidor de su filosofía. Porque como observaréis en el vídeo, su fábrica es de lo menos convencional que se pueda encontrar.

Lo primero que llama la atención es la ausencia de robot y de la tecnología que acostumbramos a ver en otras factorías. En Morgan todos los modelos van ensamblados a mano, en un proceso totalmente artesanal. Son personas de distintos oficios (carpinteros, tapiceros, chapistas, motoristas, electricistas y pintores) las que se encargan de dar vida a los coches. Esto hace que su producción anual sea de 650 unidades y que tengan una lista de espera para entregar coche de entre uno y dos años (llegó a estar en diez años).

Aunque esto sería impensable en cualquier otro fabricante, es parte del encanto de Morgan. Sus vehículos parecen haberse quedado estancados en otra época, aunque tienen también rasgos de modernidad. Un ejemplo perfecto del contraste son los marcos de madera de fresno montados en el chasis de aluminio. Además, en Morgan están orgullosos de ser una de las marcas más respetuosas con la naturaleza, teniendo un impacto ambiental muy reducido gracias a un proceso de producción respetuoso.

Fuente – Silodrome

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