Mejorar el proceso de combustión de un carburante (ya sea diésel o gasolina), reducir el consumo de combustible y la contaminación de las emisiones de escape de los vehículos asociadas con los motores térmicos se ha convertido en un interés creciente a nivel local y mundial. No hay más que ver el auge exponencial de las mecánicas electrificadas.

La gasolina es una mezcla compleja de diferentes compuestos químicos que deben cumplir con un conjunto de condiciones muy estrictas. Un parámetro clave, que indica el rendimiento del combustible en un motor, es el octanaje. Este número mide la resistencia de un combustible a la detonación prematura en la cámara de combustión de un motor de combustión interna. Cuanto más elevado sea, más eficiente será el proceso de combustión.

La cantidad de dióxido de carbono (CO2) generado al quemar un litro de combustible depende de la cantidad de carbono en el combustible. Típicamente, más del 99 % del mismo se emite como CO2 cuando se quema. Se emiten cantidades muy pequeñas de hidrocarburos (HC) y monóxido de carbono (CO), que se convierten en CO2 relativamente rápido en la atmósfera. El contenido de carbono varía según el combustible.

El llamado Research Octane Number (RON), que simula el comportamiento de la gasolina en condiciones de baja carga, es más relevante para los motores modernos. En Europa, la mayoría de las ventas de gasolina consisten en combustibles con un grado de octanaje RON de 95 octanos. Representaron el 86,3% de las ventas totales de gasolina en 2016. Ese mismo año, el 7,6 % de los combustibles vendidos tenían un RON de entre 95 y 98, y 5,8 % un de más 98.

La Unión Europea (UE) ya está comprometida a reducir las emisiones de CO2 de los sectores no delimitados en el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (ETS) para 2030. De momento, se espera que los combustibles líquidos sigan representando el 93 % de toda la energía utilizada en los medios de transporte de aquí a 2030. Por lo tanto, la UE necesita utilizar todos los medios a su alcance para reducir la huella de carbono de las tecnologías existentes.

Una de las opciones es aumentar el número RON a 102 octanos. Promover combustibles de mayor calidad para reducir el consumo puede ser beneficioso tanto para los consumidores como para los refinadores y fabricantes de coches. Los clientes pueden conducir más tiempo con el mismo depósito, mientras que las petroleras y las compañías automotrices pueden reducir sus emisiones de CO2 de manera rentable. Fácil y recomendable para todos los públicos.

Para lograr estas mejoras significativas, los legisladores simplemente necesitan adaptar la directiva de calidad del combustible y los objetivos de emisiones de CO2 para la legislación automotriz. Los combustibles de mayor calidad proporcionarían un ahorro de energía de, al menos, un 7 %, y 20 millones menos de toneladas de CO2 de los vehículos con motor de combustión interna anualmente, al tiempo que mejorarían la calidad del aire que respiramos.

Las actualizaciones normativas europeas consisten en una reforma legislativa en profundidad con la que la UE aspira a cumplir con los objetivos medioambientales del Acuerdo de París: reducir las emisiones contaminantes en, al menos, en un 40 % en 2030 respecto a los valores de 1990. El objetivo global es limitar el aumento de la temperatura media mundial a final de siglo por debajo de dos grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales.

Pero no solo es dióxido de carbono lo que sale del culo del coche. Además del CO2, los vehículos térmicos producen monóxido de carbono (CO), óxidos de azufre (SOx), óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas (PM). Los contaminantes que se emiten desde el tubo de escape se conocen como contaminantes de escape y se forman como resultado de la combustión en el motor. Estos contaminantes son perjudiciales para la atmósfera y los seres vivos en particular.

Según un estudio de la Sociedad de Ingenieros Automotrices, aumentar el octanaje de la gasolina puede reducir el consumo de combustible en un 7 %. Cuando se combina con pequeños cambios en el propulsor, el aumento del número de octanos podría reducir las emisiones de CO2 en 20 millones de toneladas anuales en los vehículos de combustión. Un mayor octanaje también significa una reducción de algunos de los contaminantes nocivos para la salud.

De hecho, un 7 % de ahorro de eficiencia equivaldría a una reducción del 7 % de las emisiones de escape. Aunque un mayor octanaje no es la única solución para reducir el CO2 del transporte por carretera, es uno de los más rentables, tecnológicamente neutros y fácilmente disponibles para alcanzar los objetivos climáticos y energéticos para 2030. La otra opción es apostar todo a la electrificación, tal y como dice la Ley que será nuestro próximo coche.

Fuente: Sustainable Fuels

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