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Citroën Xenia Concept 1981 (1)
Luis Blázquez

Citroën Xenia, el prototipo de los dos chevrones que impresionó en 1981

En 1981, el Citroën Xenia Concept mostró al mundo la capacidad de innovación del Centro de Diseño de la compañía y todo lo que era posible hacer con la tecnología del momento si se daba rienda suelta a la creatividad para reinventar una y otra vez el automóvil. Algo que sigue siendo en cierta medida una seña de identidad de la marca desde su fundación en París en 1919 hasta hoy en día.

En otoño del mencionado 1981, en la portada del número 65 de la revista corporativa de la firma de los dos chevrones apareció un coche de formas inéditas, a medio camino entre una berlina y un familiar (break), extremadamente aerodinámico y con una superficie acristalada preponderante con respecto a la carrocería pintada. Con 4.200 milímetros de largo y una anchura de 1.750 mm, el acceso al habitáculo se realizaba mediante dos grandes puertas de tipo ala de gaviota que permitían a cuatro pasajeros acomodarse en asientos individuales.

Cabe destacar que la moda a principios de los 80 dictaba que los fabricantes de automóviles exhibieran modelos a escala de vehículos conceptuales en lugar de modelos que realmente se pudiesen conducir, y Citroën no fue una excepción. Construido por Coggiola, Trevor Fiore fue el responsable de la ruptura en el diseño del Xenia. Fiore lo imaginó como un GT para el año 2000 pero, desafortunadamente, el prototipo no se desarrolló más.  Inicialmente creado para el mercado estadounidense, llamaba la atención por su líneas limpias y abundancia de cristal.

Otra particular característica del Xenia era la investigación avanzada de las posibilidades de la electrónica de a bordo con elementos que, en aquel momento, dejaban impresionados a los visitantes de los salones del automóvil y que actualmente nos parecen irrenunciables en cualquier vehículo moderno. Elementos como, por ejemplo, los sensores de radiación solar que regulaban la climatización. Anticipando los que se montarían posteriormente tanto en el CX como en el BX, el Xenia también disponía de un ordenador de a bordo muy completo.

Este último podía calcular el consumo, la autonomía restante y la velocidad media. Además, ayudaba al conductor con la cartografía en una época en la que los satélites GPS (los pocos que se habían ya lanzado) se reservaban a usos exclusivamente militares. Y ya que hemos hecho mención al BX, el Citroën Xenia Concept acogería la que sería la base mecánica de la berlina, que llegaría un año después. Eso se traduce en un motor de cuatro cilindros de gasolina con 1.300 cc de capacidad. Este podía generar una potencia de 65 CV y un par motor de 98 Nm.

El interior era tan futurista como el exterior, con una gran cantidad de luces y botones que eran visibles dentro y alrededor del volante. El salpicadero del Xenia, diseñado por Michel Harmand, mostraba la más alta tecnología y ergonomía disponible a comienzos de la década de 1980: todas las funciones se podían accionar sin quitar las manos del volante. Asimismo, el cambio automático ZF (ese mismo año se montó en el CX y luego en el BX) era muy suave y permitía al conductor utilizar la palanca al emprender y acabar la marcha, y en maniobras.

Fuente: Citroën

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