Al igual que sucede con las personas, hay muchos coches que aparentan lo que no son. Sus líneas pueden evocar un gran dinamismo, velocidad y/o fuerza bruta, pero, en realidad, luego se mueven más lentamente que nosotros mismos un domingo por la tarde después de una gran comida. Se puede colocar un motor de acceso para aquellos que desean el coche y no pueden pagar más, siempre que su rendimiento no sea vergonzosamente bajo.

Otras razones van más allá de lo que puede pagar un cliente, como modelos de las décadas de los 70 y de los 80 que fueron estrangulados por las restrictivas normativas de emisiones motivadas por la crisis del petróleo de 1973. Una estética deportiva no siempre va conjugado con un rendimiento a la altura, como veremos ahora. Esta es una selección de auténticos corderos con piel de lobo.

DeLorean DMC-12

La historia del DeLorean DMC-12 es realmente llamativa e interesante de conocer, creado por el hombre que diseñó el primer muscle car, el Pontiac GTO. John DeLorean abandonó General Motors en 1973 para crear su propio coche: un deportivo con carrocería de acero inoxidable, puertas de ala de gaviota y una puesta a punto cortesía de Colin Chapman, el fundador de Lotus.

El DeLorean DMC-12 fue el único producto que llegó a lanzar la compañía, pero alcanzó el estatus de icono al protagonizar la trilogía de Regreso al futuro. Sin embargo, el motor V6 de 2.7 litros desarrollado en Francia para ser montados en vehículos Peugeot, Renault y Volvo (PRV) no era lo que se dice “un tiro”. Sus 132 CV empujaban el coche hasta los 100 km/h en 11 segundos, y la velocidad máxima de 192 km/h.

Ford Mustang V6 (2005-2011)

El nuevo Ford Mustang ya ni siquiera dispone de motores V6. El modelo de acceso emplea un tetracilíndrico turboalimentado de 2.3 litros. Con 317 CV alcanza los 100 km/h desde parado en 5,8 segundos y toca techo en 234 km/h. No es una vergüenza no disponer de un V8 bajo el capó. Pero, con la quinta generación del famoso coupé estadounidense, el escalón de la gama comenzaba con V6 de 4.0 litros que dejaba que desear.

Su feroz aspecto neoretro estaba superpuesto a un bloque de 212 CV. Necesitaba siete segundos para llegar a los 100 km/h y apenas rozaba los 180 km/h de velocidad punta. Su masa en seco de 1.530 kilos tampoco ayudaba a mejorar las cifras prestacionales, ni el consumo medio de combustible, que no baja de los 10 l/100 km. En 2011 se sustituyó este propulsor en beneficio de una nueva unidad de 3.2 litros con 305 CV.

Pontiac Fiero

Toyota se las arregló para dar al pueblo la asequible idea de un deportivo de motor central con el MR2. Pontiac intentó algo similar, pero con otro resultado. Y cuando usa una palabra que significa salvaje o feroz en español para designar a un coche, debe cumplir. Desafortunadamente, y asumiendo que no se incendiase (mal endémico en sus primeros años), el motor de cuatro cilindros y 2.5 litros entregaba inicialmente 85 CV de potencia.

Necesitaba cerca de 12 segundos para alcanzar los 100 km/h y la velocidad máxima apenas rozaba los 170 km/h. En 1985 apareció una versión más prestacional, un V6 de 2.8 litros que entregaba 142 CV a las ruedas posteriores a través de una caja de cambios manual de cuatro o cinco velocidades, o automática de tres. Mejoraba sensiblemente las prestaciones, pero seguía sin estar a la altura de su estética.

Ferrari Mondial 8

El Ferrari Mondial está considerado uno de los vehículos más prácticos de la marca. Motor central V8, tracción posterior y, todo ello, con cuatro plazas. Pero también está considerado como uno de los peores Ferrari que jamás se han hecho. Este bólido no andaba lo que se esperaría de un Ferrari. Su motor de 3.0 litros apenas era capaz de entregar 214 CV de potencia. Con un peso en seco de 1.445 kilos, alcanzaba el 0 a 100 km/h en 9,1 segundos.

El Mondial 8 tampoco gozó de una brillante fiabilidad, siendo propenso a romper la mecánica. Tras dos años en el mercado, fue eliminado de la gama. Hubo que esperar a 1989 para ver algo más digno de un Ferrari. Se bautizó como Mondial T y montaba el mismo motor del, por entonces, recién presentado 348, un V8 de 3.4 litros capaz de rendir 300 CV. Conseguía bajar hasta los 6,3 segundos el 0 a 100 km/h y alcanzaba los 255 km/h de punta.

Pontiac Firebird (1970-1981)

La década de los 70 empezó con el sonido de américa: grandes V8 de mucha potencia dejándose la piel de media milla en media milla. El Pontiac Firebird también estrenó nueva generación, y también numerosas opciones mecánicas, 14 para ser exactos. Pero la crisis del petróleo aterrizó en 1973 y las enormes cifras de caballería de poblaban las calles de Estados Unidos recibieron un severo recorte.

En los modelos de acceso, Pontiac disponía a su pony car de un motor de seis cilindros en línea de 4.1 litros de 101 CV, que aumentó hasta los 106 CV en 1977. Si querías algo de potencia, tenías que subir a lo más alto de la gama y, en la última mitad de la década, lo más potente era un V8 de 6.6 litros capaz de entregar entre 180 y 220 CV. Asociado a una caja de cambios automática de tres relaciones o una manual de cuatro, hacía el 0 a 100 km/h en el mejor de casos en 8,1 segundos y una punta de 203 km/h.

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