Los Lamborghini son, casi sin lugar a dudas, los coches más pasionales y menos racionales que existen. Y la marca, que este año está cumple 50 años de vida, está demostrando que los reyes del exceso también deben serlo a la hora de las celebraciones. Empezaron la fiesta en el Salón de Ginebra, donde presentaron el Lamborghini Veneno, el triunfo del barroquismo automotriz. Luego llegaría el Aventador LP 720-4 50 Aniversario, que hizo su presentación en sociedad en Shanghai. Y ahora han puesto la guinda al pastel con un monoplaza único, el Lamborghini Egoista.

El encargado de crear este coche fue Walter De Silva, el director de diseño del Grupo Volkswagen, que indicaba en la presentación que “Los Lamborghini siempre han sido realizados con pasión, y con el corazón más que con la cabeza”. Y su definición del nuevo Lamborghini es clarividente: “Representa el hedonismo llevado al extremo, en una palabra: egoísta”.

El estreno del Egoista estuvo a su altura. Una modelo vestida de azafata guiaba al coche (que llegaba desde el aire) hacia el escenario, que había sido transformado en una pista de aterrizaje. Solamente una cosa ocultaba los aplausos de los clientes VIP de la marca que estaban en la sala… el rugido de su motor.

Porque el Lamborghini egoista es más que una carcasa. Oculta un motor V10 de 5.2 litros que rinde 600 CV de potencia, que muchos apuntan como posible propulsor en el futuro cercan de la marca. Pero, a falta de conocer otro tipo de prestaciones, centrémonos en la estética, que refleja toda esa potencia y que imita a un toro que se prepara para embestir con los cuernos bajados. De frente, sin embargo, recuerda a un trimarán, con una cabina en lo que sería el casco central. El morro ha sido diseñado para generar carga aerodinámica.

La parte superior del vehículo destaca porque no tiene apéndices aerodinámicos, sino más bien solapas integradas en el perfil de la carrocería, que actúan automáticamente. Cuando se alcanzan altas velocidades se activan de forma automática dos aletas traseras para aumentar la estabilidad. Y una serie de tomas de aire en la parte posterior del capó del motor proporciona el flujo de aire de refrigeración a al motor V10.

Las luces del Lamborghini Egoista se parecen más a un avión que a las de un vehículo de carretera. Los faros en las puntas de los salientes laterales son unas luces de posición de LED que permiten ver al coche desde prácticametne cualquier ángulo. Son dos blancas delante y dos rojas atrás, con una luz parpadeante roja en la zona superior trasera, una luz roja en el lado izquierdo del techo, una verde en el lado derecho y dos luces naranjas laterales a modo de intermitentes.

Los faros reales son de xenon y están ocultos en las tomas de aire delanteras, entre los salientes del frontal. Y como está hecho de materiales ligeros como aluminio y fibra de carbono, dispone de zonas para pisar, señaladas como en los aviones. Los paralelismos con el mundo de la aeronáutica no terminan aquí, ya que la carrocería se ha hecho de un material antirradar y el cristal es anti-reflejos con una gradación de color naranja.

La cabina del monoplaza es una sección desmontable, inspirada también en el mundo de la aviación (en el helicóptero Apache, concretamente, en el que la cabina del piloto puede ser expulsada en caso de emergencia. En ella destaca un asiento con un cinturón de seguridad de cuatro puntos y muy pocos instrumentos, ya que un head-up display, típico de los aviones de combate, es el encargado de mostrar la información.

El hedonismo más radical sostiene que todos los placeres deben satisfacerse sin que se les ponga ninguna restricción… Por eso en este coche, el acceso no iba a limitar su diseño. Como ocurre en los Fórmula 1, para salir del vehículo el conductor debe quitar el volante y dejarlo en el salpicadero. Pero hay más. Hay que abrir la cúpula con un mando electrónico, colocarse de pie en el asiento, sentarse en un punto preciso de la carrocería (en el lado izquierda) y entonces girar sus piernas 180 grados desde el interior al exterior del vehículo. Si, como decíamos al principio, los Lamborghinis son los coches más pasionales y menos racionales que existen, en este lo han llevado al extremo.

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