En la actualidad estamos acostumbrados a que haya, en general, poco atrevimiento en términos de diseño de automóviles. Se han establecido unas líneas maestras que funcionan en el mercado y ahí cada marca aporta su sello personal y poco más. Pero hubo una época en la que algunos se atrevían a crear. Giorgetto Giugiaro está considerado como uno de los mejores diseñadores de la historia y fue la persona que creó el ejemplar que hoy os traemos.

Giugiaro es más conocido por haber dibujado modelos tan importantes como el Volkswagen Golf (1974) o el SEAT Ibiza (1984), además de otros tan espectaculares como el BMW M1 o el De Tomaso Mangusta. Pero también es padre de otros relativamente desconocidos como el Lancia Medusa, un prototipo lanzando en el Salón de Turín de 1980 y que contaba con algunos argumentos atractivos y novedosos.

Destacaba por sus líneas rectas y aristas, elementos de diseño muy populares en la época. Gracias a ello conseguía un reducido coeficiente aerodinámico de 0,26 Cx, un dato muy bueno para un compacto espacioso que medía 4,40 metros de largo. Algunos de los detalles que llamaban la atención eran los faros escamoteables, los tiradores de las puertas enrasados, las puertas que se alineaban con el techo o la parte inferior de la carrocería en color negro.

Para que el frontal fuese pequeño y afilado, se dispuso un motor en posición central. Un pequeño bloque de cuatro cilindros y 2.0 litros que entregaba 120 CV y que procedía del Lancia Montecarlo. Iba ligado a una caja de cambios manual de cinco velocidades y entregaba la potencia al eje trasero. Prometía una dinámica a la altura, con una buena agilidad y prestaciones.

Y si el Lancia Medusa ya era un coche innovador en el exterior, la cosa no se quedaba atrás en el interior. Era un modelo amplio con mucha iluminación gracias a las superficies acristaladas y unos asientos que ofrecían una gran comodidad y que estaban tapizados con gamuza marrón. Con la intención de despejar de botones la consola central, creó un llamativo volante que aglutinaba casi todas las funciones disponibles en el vehículo.

Desde este complejo volante se podían controlar los intermitentes,el limpiaparabrisas, las luces e incluso la climatización. Aunque pueda parecer bastante lioso, fue fruto de mucha investigación por parte de Giugiaro para encontrar la máxima ergonomía. De hecho, a raíz de este modelo muchas marcas empezaron a montar muchas soluciones parecidas en sus modelos. Queda claro que aunque el Lancia Medusa no se llegara a producir, fue un pionero en su época.

Fuente: CarDesignNews

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