No sabemos exactamente la relación que este artista de Rotterdam nacido en 1958 tiene con los coches, pero sus espectaculares y sorprendentes creaciones basadas en ellos le han elevado a la fama.

A principios de la década de los noventa Olaf Mooij decidió que las calles fuesen el escenario de su obra. ¿Era eso arte? Parece que sí, ya que en 1999, Mooij fue nominado para el Premio de Diseño de Rotterdam con su DJ Mobile, un antiguo Ford Sierra con el sistema de sonido profesional, diez altavoces y una cabina de DJ incorporada.

Así son los coches de Olaf Mooij. Son objetos que pasan a tener personalidad. Materia quye cobra viva. Olaf les añade pelo, piezas o incluso peso (como el coche homenaje al mítico sofá Chesterfield) para crear caricaturas que pongan en perspectiva la relación de los seres humanos con las máquinas y dispositivos que los rodean.

Su última creación, el Braincar, es un coche cuyo capó se transforma en un cráneo gigante. Durante el día conduce el coche por un barrio, ciudad o calle. Por la noche, el artista sueña con el coche a través de emisiones de video que se proyectan en la superficie del cerebro, de color blanco mate. Aquí puedes ver esas proyecciones en vídeo:
http://www.youtube.com/watch?v=v_7bIxEVj8Y
En realidad sus imágenes de coches no tienen ninguna función, sólo recordar lo cercano que está este medio de transporte de todos nosotros. Un ejemplo, la piel doblada con forma de Vokswagen tirada en el suelo. La obra se presenta como un vestigio fósil de un pasado lejano, sin pedestal, colocada en el suelo sin nungún valor práctico. Parece un coche que haya mudado de piel, recordando lo que algún día fue.

Otro ejemplo es ese coche pequeño cubierto por una membrana de color amarillento que casi parece romper. Sugiere un próximo nacimiento se despierta, como si los coches pudiesen ser un embrión de un ser vivo. Todas son esculturas que hacen pensar en la influencia de los coches en nuestra cultura, en nuestras vidas. ¿O no?

Vía: Olaf Mooij
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