Los récords de velocidad siempre han sido algo muy codiciados en cualquiera de sus ámbitos. En el de las cuatro ruedas, a día de hoy, hay una fuerte rivalidad entre Koenigsegg y Bugatti. Pero también ha habido otros récords diferentes en los que el vehículo ha ayudado sin llegar a ser el protagonista. Es el caso del Porsche 935 que en el año 1979 se vió involucrado en un intento de récord de velocidad en bicicleta.

Jean Claude Rude fue un ciclista francés con una fuerte ambición por ser el más rápido. En la década de los 70, el referente en este campo había sido Allan Abbott, que en 1973 había alcanzado 225 km/h en el Salar de Boneville detrás de un Chevy Gasser del 55. Aunque el récord oficial lo ostentaba su compatriota José Meiffret, que había conseguido una velocidad de 204,7 km/h en 1962 siguiendo la estela de un Mercedes-Benz 300 SL.

La metodología estaba clara, se necesitaba un vehículo a motor que hiciera de liebre para que la bicicleta pudiera aprovechar su rebufo. Rude necesitaba un coche que fuera potente (pretendía alcanzar una velocidad de 240 km/h) y por eso se fijó en la competición. El Porsche 935 del equipo Martini Racing fue el aliado perfecto, pues había cosechado buenos resultados en pruebas como Le Mans y desarrollaba hasta 800 CV de potencia.

La marca alemana se volcó con el intento de récord e incluso cedieron la pista de pruebas de Ehra-Lessien, propiedad del Grupo Volkswagen (la misma del récord de Bugatti). También se encargaron de modificar el vehículo con una parte trasera extendida, con una especie de campana probada en el túnel de viento para que el ciclista quedara resguardado. También se dirigieron las salidas del escape hacia los laterales por motivos de seguridad (las llamas que escupía eran míticas).

La bicicleta también recibió las modificaciones pertinentes, que incluía un plato de gran tamaño y un piñon pequeño, para tener la relación óptima para alcanzar muchas velocidad. La persona a cargo de llevar el Porsche 935 no era otra que el piloto oficial Henri Pescarolo, que todavía competía con la marca. El intento de récord de velocidad necesitaba concentración y mucha precisión por ambas partes, porque si la bicicleta se alejaba del coche, la resistencia del aire la frenaría drásticamente.

Jean Claude Rude rodaba a toda velocidad en Ehra-Lessien siguiendo al Porsche 935 cuando le estalló el neumático trasero a unos 160 km/h. El ciclista consiguió controlar la bicicleta y pararse sin sufrir ningún accidente. El problema de los neumáticos les trajo de cabeza en esa época, e incluso Michelin realizó unos nuevos para un segundo intento, que no llegó a realizarse. Rude moriría el año siguiente en un accidente con un tren, con el que pretendía seguir investigando sobre cómo ir más rápido.

Fuente – GT Spirit

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