El Renault 5 es un coche bien conocido en España. A pesar tener orígenes franceses, fue también fabricado en Valladolid desde 1972. Con este modelo, muchos pudieron acceder a un vehículo nuevo, y conocidos pilotos españoles como Carlos Sainz o Jesús Puras se iniciaron en el mundo de los rallyes. Pero en esta ocasión no vamos a hablar de su rica historia, sino de un nimio detalle de diseño que se ha vuelto tan común en los coches modernos que, seguramente, no caigas en cuál es.

El “R5” diseñado por Michel Boué fue uno de los primeros coches fabricados con parachoques de plástico (poliéster y fibra de vidrio), procedentes de una fábrica especializada de Renault en Dreux, a unos 80 kilómetros al este de París. Estos cubrían un área de contacto potencial más grande que los parachoques convencionales de la época, y sobrevivían a las maniobras de estacionamiento a baja velocidad sin deformarse de forma permanente. Esto ayudó al pequeño francés a ganarse una reputación de “urbano excepcional”.

Lo realmente destacable es que estos parachoques se diseñaron de tal manera que formaban la parte delantera inferior de los pasos de rueda delanteros y el borde de salida de los traseros. Si tienes en mente la imagen de un coche de la época, como bien podría ser un Volkswagen Polo, un SEAT 127 o un Peugeot 504 –por nombrar algunos de los modelos más representativos de por ese entonces–, fíjate que lo que hay es una barra de metal y/o plástico clavada a la carrocería, que es la que da forma a los pasos de rueda al completo.

No fue hasta la década de los 80 cuando el resto de los fabricantes comenzaron a replicar la estrategia de Renault. Sin embargo, no fue hasta los 90 cuando sí que pareció realmente que, casi todas las compañías automotrices optaron para la solución del urbanita en este sentido. Toma cualquier vehículo de ese tiempo y mira la integración del paso de rueda con el parachoques: las partes inferiores de los extremos más cercanos a los voladizos son de plástico moldeado y, ya solían estar pintados en el mismo color de la carrocería.

Es una práctica prácticamente habitual ahora (por no decir que no hay nadie que no lo haga ya) y, aparentemente, el humilde Renault 5 fue el primer coche producido en grandes cantidades que tuvo esta idea tan inteligente. Tras 5.580.626 unidades vendidas a lo largo de todo el globo –se fabricó en Francia, España, Venezuela, Irán, México, Eslovenia y Durban (solo motores y cajas de cambio) y se comercializó incluso en Estados Unidos bajo el nombre de AMC Le Car–, llegaría su sustituto, el Clio, del cual ya se han lanzado cinco generaciones.

Fuente: Jalopnik

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