Los prototipos de coches suelen servir para dar una visión conceptual de la marca en torno a un tipo de vehículo. Ejemplares que sirven de inspiración para futuros modelos de producción o que adelantan tecnologías. Aunque otras veces son simplemente locuras que muestran el potencial del fabricante y que nunca llegarán a ver la luz. Esa última descripción podría ser aplicada perfectamente al Renault Espace F1 del que os hablamos hoy.

El Renault Espace es uno de los monovolúmenes más carismáticos de la historia. Debutó hace casi 35 años y proviene del diseño de Philippe Guédon de Matra Motors, aunque fuera adoptada por Renault. Tras una primera generación de cierto éxito estrenando las tres filas y los siete asientos individuales, en 1991 llegaba una segunda generación que dio un importante salto de calidad y mejoraba la habitabilidad. Sobre ese modelo se asentó el radical prototipo.

Corría 1995, se cumplía el décimo aniversario del Espace y Renault Motorsport gozaba de un momento dulce en competición. Por estos motivos de decidió ejecutar la locura, el Renault Espace F1. Se comenzó por una nueva carrocería hecha con fibra de carbono, que aligeraba notablemente al modelo base y adoptaba unas formas mucho más aerodinámicas. Basta con ver las llantas semicarenadas o el enorme alerón sobre el techo.

Si también te han llamado la atención las tomas de aire laterales, tienen una explicación. Se sustituía el motor de cuatro cilindros en posición delantera por otro muy especial. Montaba la misma mecánica V10 de 3.5 litros y 40 válvulas que el monoplaza Williams-Renault FW15C. Con algunas modificaciones lograba una potencia de 800 CV, que pasaban directamente a las ruedas traseras mediante una transmisión automática de seis velocidades. Iba montado en posición central, en el habitáculo.

Porque el Renault Espace F1 se despedía por completo de esa habitabilidad y de los siete asientos. La tercera fila se eliminaba por completo y solo quedaban cuatro asientos tipo buckets de fibra de carbono. Las modificaciones también se extendieron a otras partes como la suspensión, que fue reforzada y recibió un tarado más deportivo, o al sistema de frenado, que incorporó unos discos carbocerámicos que provenían de la competición.

A priori puede parecer exagerado para una monovolumen, pero no es tanto cuando se ve su ficha técnica. El Renault Espace F1 era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 2,8 segundos, de 0 a 200 km/h en 4,1 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 312 km/h. Estos números estratosféricos están al nivel de los mejores superdeportivos incluso en la actualidad. Por supuesto, se quedó en un mero proyecto y nunca fue llevado a producción. Pero todavía a día de hoy es una proeza técnica que sigue sorprendiendo.

Fuente: Renault

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