
La peculiar solución de hace un siglo para no herir (tanto) a los peatones en caso de atropello
No hay duda de que la seguridad vial ha evolucionado de forma notable durante el último siglo. Actualmente, los coches están repletos de cámaras, radares y sistemas de frenado automático capaces de detectar a un peatón en milésimas de segundo. Gracias a ello, se han evitado miles (si no millones) de atropellos, aunque todavía hay mucho camino por hacer. Lo que llama la atención es que hace un siglo, en las décadas de los 20 y 30, en plena expansión automotriz, se creó una peculiar solución que sorprendió a todo el mundo.
Pongámonos en contexto, en esa época el número de automóviles iba incrementándose de forma notable y los peatones no estaban acostumbrados a ese tráfico. Esto causó un aumento en la cifra de atropello y empezó a preocupar a las autoridades y a los fabricantes. Tanto fue así que los ingenieros llegaron a creaciones tan locas como el «atrapa peatones». Este pedestrian catcher se inspiraba en los antiguos cow catcher que instalaban en los trenes pensando en posibles atropellos al ganado bovino. Eso sí, pensando un poco más en la protección del usuario.
Aquí no se buscaba evitar el impacto, sino mitigar los daños causados en el individuo. El conductor era el encargado de desplegar el mecanismo de forma manual, a través de una palanca específica para ello. Del paragolpes salía una especie de plataforma que recogía al peatón evitando que rodase y fuera pasado por encima por el vehículo. Esta especie de «hamaca salvavidas» tuvo varias iteraciones, no todas eran iguales y fueron evolucionando durante un tiempo. Los primeros archivos datan de 1927 e incluso hay vídeos promocionales.
Hay que recordar que en esa época la seguridad pasaba a un segundo plano y para demostrar la eficacia del invento había gente que se tenía que someter a un atropello «real» con algo de ensayo. A pesar de las buenas intenciones de esta solución, la realidad es que nunca llegó a estandarizarse en una industria del automóvil incipiente. El fracaso comercial, más allá de la estética o del peso añadido al eje delantero, se debió a la rápida evolución de los coches.

Cada año que pasaba, los primeros coches fueron siendo más potentes y, por consecuencia, más rápidos. Este «atrapa peatones» a velocidades más altas no mitigaba el atropello precisamente, la estructura metálica destrozaba las piernas del accidentado. Con el paso del tiempo se llegó a la conclusión que la mejor manera de proteger al peatón era evitar el contacto por completo. De ahí que fueran llegando mejoras como los frenos hidráulicos, las carrocerías deformables y los modernos sensores electrónicos.
Fuente: Jalopnik
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