Ya hablamos hace tiempo de lo que podía suponer la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. El pasado año ya impuso un arancel a la importación de acero y aluminio, hecho que afecta a algunos fabricantes como Toyota. Esta medida formaba parte de la campaña ‘America First’, que trata de proteger los intereses y empleos de los norteamericanos. La consecuencia es que la Unión Europea también se plantea hacer lo propio respecto a Estados Unidos.

Pero esto, en vez de intimidar a Trump, ha conseguido envalentonarlo. El presidente ha dicho a través de sus redes sociales que si la Unión Europea aumenta sus aranceles, aplicará un impuesto sobre los coches europeos, que hasta ahora no tienen restricciones para entrar en el país. Esta declaración ha crispado un poco más el clima y podría desencadenar una especie de guerra comercial que haría más difícil el comercio transatlántico.

 

Esto afectaría principalmente a los grandes fabricantes alemanes, que exportan un gran porcentaje de sus coches y alrededor del 25 % acaban en Estados Unidos. Aunque el mismo Donald Trump cuenta con algunos coches europeos en su garaje, parece que no cederá en este tema. La primera medida, que ya adelantamos antes, era el arancel del 25 % sobre el acero importado y un 10 % sobre el aluminio.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, respondió que ellos pondrían aranceles sobre marcas como Harley-Davidson (motocicletas) o Levis (vaqueros) y eso precisamente fue lo que causó la ira de Trump. A Canadá, aunque no le afecta la medida de los automóviles, sí que le perjudica el tema de los metales y ha asegurado que tomará represalias. Todo apunta a que se avecina una guerra comercial que probablemente a quien más perjudique sea al ciudadano de a pie.

Fuente: Automotive News

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