Los coches de las primeras tres primeras películas de la saga Fast and Furious son, en muchos sentidos, pequeñas imágenes de la cultura del tuning de finales de los 90. Si bien en estas entregas se celebraba la diversidad de los entusiastas del automóvil, hubo algunos que fueron construidos para propósitos muy concretos. Los Honda Civic de The Fast and the Furious (2001) son ejemplos perfectos.

Tras descubrir por qué ya no vemos ninguna carrera callejera en cada nuevo filme de la franquicia, o habernos roto el sueño húmedo del sonido del Dodge Charger de Toretto (Vin Diesel), volvemos una vez más a Craig Lieberman para conocer los antecedentes. Como director técnico de la franquicia hasta 2006, Lieberman supervisó todo, desde la selección y construcción de los coches hasta los dobles utilizados para acrobacias y secuencias de acción exageradas.

Los cineastas sabían que sería un crimen hacer una película centrada en coches preparados y competiciones ilegales sin reconocer el dominio en este ámbito del Honda Civic de los 90. El equipo compró siete unidades coupé de quinta generación (EJ1) para que usarlos en varias escenas. ¿Por qué tantos si solo había tres? Porque hay muchas tomas, y al menos uno sería destruido durante un intento de secuestro en la culminación del segundo acto del cortometraje.

Todos fueron repintados en el acabado negro de fábrica que se encuentra en los modelos de 1994 (aunque los ejemplares variaron por un año o dos en cualquier dirección). Cada uno recibió un kit de carrocería VIS GT Bomber, un alerón VeilSide Kombat de dos alturas e iluminación de neón bajo la carrocería de Street Glow. Las llantas se obtuvieron de Axis, y se eligieron porque no había nadie dispuesto a comprar el modelo Neo 7 de 17 pulgadas, resultando casi regaladas.

Ahora bien, ¿qué hay bajo la piel? ¿Es un lobo con piel de cordero o al revés? Un, dos, tres, responde otra vez. Desafortunadamente para los más entusiastas, la única modificación mecánica que se realizó sobre estos coches fue un silenciador de escape de eBay que costó 50 dólares, unos 45 euros. Y ni siquiera aportaba mejora prestacional alguna, tan solo era para aparentar. De hecho, todo el ruido del motor fue duplicado en edición; la magia del cine.

No se utilizó dinero superfluo para hacer que el Civic fuera especial. Estaban destinados a ser desechables. Para sacar el máximo provecho de ellos, los cineastas realmente reciclaron seis de ellos (incluido el que acaba volcado) para “2Fast 2Furious” (2003). Fueron reparados, repintados y relanzados en la segunda película como corredores callejeros para escenas donde se necesitaban coches de relleno. Después fueron subastados y nunca volvieron a aparecer.

“La buena noticia es que estos coches se encuentran entre los más replicados del mundo, aparte de las ruedas, que son básicamente imposibles de encontrar”, dice Lieberman. “Todavía puedes encontrar los kits de carrocería en Internet. Debido a esto, personas de todo el mundo han creado sus propias versiones para mantener vivos los recuerdos”. De todas formas, si quieres saber un poco más de ellos, dale al play y disfruta del perspicaz vídeo de Lieberman.

Fuente: Craig Lieberman
Vía: YouTube
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