
Pruebo el Mazda CX-5 2026, un coche de cariz más familiar y ¿recomendable? (con vídeo)
La tercera generación del Mazda CX-5 llega este 2026 con un crecimiento notable: 11,5 cm más de longitud, un maletero que pasa a 583 litros y unas plazas traseras que por fin está a la altura de los mejores del segmento. Pero la gran sorpresa no es solo el aumento de espacio, sino el precio: arranca desde 30.995 euros con promociones, lo que lo sitúa 2.300 euros por debajo de su antecesor. Eso sí, Mazda asegura que mantiene su esencia de diseño Kodo y su filosofía «Alma del movimiento», aunque ahora busca ser más familiar y maduro. ¿Lo habrá logrado?
Tras una semana a bordo, el CX-5 sigue siendo reconocible y atractivo, con un frontal más estilizado y una zaga que recuerda al CX-60. Sin embargo, el interior revela el primer compromiso: hay más plásticos duros que antes, y la ergonomía ha dado un giro hacia la pantalla táctil de hasta 15,6 pulgadas con Google integrado, en detrimento de los botones físicos (salvo el climatizador, que casi desaparece). A cambio, gana en conectividad y fluidez, y la posición de conducción sigue siendo excelente, con asientos muy cómodos y un espacio trasero que ahora compite de tú a tú con el Volkswagen Tiguan o el Kia Sportage. En el vídeo que tienes a continuación te lo cuento con detalle:
En cuanto a la mecánica, el 2.5 e-SkyActiv G atmosférico de 141 CV con microhibridación de 24 V y etiqueta ECO es la única opción por ahora (hasta que llegue el híbrido en 2027). Sus prestaciones no son brillantes (0 a 100 en 10,5 s), pero su entrega suave y lineal, junto con un sonido agradable, lo convierten en un compañero viajero excepcional. Los consumos se mueven en torno a los 7 l/100 km de media, aunque en ciudad se disparan.
Lo que sí ha cambiado radicalmente es el comportamiento: Mazda ha suavizado suspensiones y dirección para primar el confort, perdiendo parte de esa agilidad y conexión directa que caracterizaba al modelo anterior. Frente a rivales como el Hyundai Tucson o el Kia Sportage, el CX-5 destaca por su relación precio-producto insuperable, su amplitud trasera y la suavidad del motor. Pero paga el peaje en acabados (inferiores al CX-60), en consumos urbanos y en una dirección menos comunicativa.
En definitiva, es un SUV más sensato, más familiar y más barato, ideal para quien busque espacio y confort sin renunciar a la elegancia. Los que esperen la chispa deportiva de antaño deberían probarlo antes. Yo lo defino como ese amigo que sigue siendo el mismo, pero que ahora sabe cuándo levantar el pie.
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