La nomenclatura en McLaren comenzó siendo bastante anodina, demasiado técnica y muy poco utilizable desde un punto de vista marketiniano. Después de ese mítico F1 de la década de los 90 (cuyo nombre no nos atreveríamos a cuestionar), la andadura de los coches de calle empezó de nuevo con el McLaren MP4-12C. Este modelo tomó su nombre de un monoplaza de Fórmula 1 que había devuelto las victorias al equipo en 1997.

Después de aquel se han ido sucediendo los 650S, 570S o 720S, todos utilizando nombres que hacen referencia a su potencia. Una de las pocas excepciones fue hecha con el McLaren P1 y ahora con su sucesor, el McLaren Senna. Aquí el cambio es palpable, pues utiliza el apellido de uno de los mejores pilotos de todos los tiempos, uno que dejó huella en la marca británica: Ayrton Senna. Y el cambio parece tener una explicación.

El nuevo modelo tiene una gran responsabilidad al llevar ese nombre, pero parece que estará a la altura. Con su motor V8 biturbo de 4.0 litros que alcanza 800 CV o con su adelantada aerodinámica. Es capaz de hacer el 0 a 100 km/h en 2,8 segundos y máxima de 340 km/h. Esta determinación queda relacionada con la que demostró el piloto en vida, esas ganas de alcanzar la excelencia y dar lo mejor de sí mismo en cada situación.

Esa misma filosofía quiere seguir McLaren con sus vehículos de producción. El objetivo es llegar donde otros no han podido, del mismo modo que ya lo hizo Ayrton Senna en competición. El coche que lleva su nombre está muy centrado en ser el mejor en el circuito y ofrecer unas sensaciones al volante inauditas. Algunos no dudan en calificarlo como el mejor vehículo que han hecho. Puede que su diseño haya sido discutido, pero está claro que su efectividad no tiene parangón.

Fuente: McLaren

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