Los entusiastas del mundo del motor, a menudo, suelen decir que lo antiguo era más puro. Defienden que el incremento exponencial de la electrónica ha robado gran parte de la diversión al volante en los coches modernos. Sin embargo, si hay algo indiscutible, es que son más rápidos que sus antecesores. Y aquí tenemos la prueba, donde el nuevo Porsche 911 Carrera S (992) se enfrenta a un 911 Carrera RS (964) en Nürburgring Nordschleife.

Parece que fue ayer cuando los últimos y mejores deportivos de ensueño apenas conseguían bajar de los ocho minutos en el trazado alemán. De hecho, hasta la última hornada de compactos deportivos de tracción delantera han conseguido bajar dicho registro. En estos días, los mejores tiempos en el “Infierno Verde” ya están por debajo de los siete minutos. El Porsche 911 Carrera S (992), por mucho que se parezca a sus predecesores, es infinitamente más rápido.

La publicación alemana Sport Auto ha querido demostrar esta hipótesis llevando a Nürburgring Nordschleife la última iteración del icónico 911 junto con otro más antiguo, el 911 Carrera RS (964), y hacer una contrarreloj. El resultado habla por sí solo. No importa cuánto ames al 911 de principios de los 90, o la ausencia de airbags, suspensión adaptativa, turbocompresores y electrónica a punta pala, el Carrera S (992) no le da cuartel; es mucho más rápido.

Con un tiempo de 7:30,41 para el modelo más grade y pesado, el Carrera RS (964) se tiene que conformar con crono de 8:23,12, casi un minuto de diferencia. Ambos coches fueron conducidos el mismo día a la misa temperatura por el mismo piloto, Christian Gebhardt. Sport Auto afirma que, mientras el Carrera S (992) hacía uso de los neumáticos Pirelli P Zero de fábrica, el Carrera RS (964) hacía lo propio con unos Trofeo R, mucho más óptimos para circuito.

El Porsche 911 Carrera RS (964) fue presentado en 1992 con un motor bóxer de 3.6 litros capaz de entregar 260 CV y 314 Nm. No era una diferencia asombrosa frente al 911 Carrera estándar (250 CV y 310 Nm), pero con un peso anunciado de 1.230 kilos, también era 120 kg más ligero. Era capaz de hacer el 0 a 100 km/h en 5,7 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 260 km/h. Un coche a la altura de deportivos como el Honda NSX o el Ferrari 348 TB.

En el otro lado del cuadrilátero tenemos el Porsche 911 Carrera S (992). Su motor es más pequeño, de 3.0 litros, pero gracias a la ayuda de una pareja de turbos y años de refinamiento, entrega 450 CV y 530 Nm. Con una masa de 1.590 kg también es mucho más pesado que el antiguo 911 Carrera RS (964), pero aun así es capaz de cubrir el 0 a 100 km/h en 3,7 segundos y alcanzar los 308 km/h de velocidad máxima.

¿Sorprendido? Seguramente no tanto. La tecnología no siempre tiene un impacto negativo en los coches. Ahora bien, ¿puede ser más divertido de conducir un deportivo de la vieja escuela? Probablemente. En tiempos pretéritos, llevar esos vehículos al límite era un arte muy peligroso, pero te hacía partícipe de la conexión entre la máquina y el asfalto. Ahora, gracias a la electrónica, es más fácil que nunca llevar un coche rápido muy rápido, valga la redundancia.

Fuente: Sport Auto

Vía: YouTube

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