Antes de comenzar a leer, echa un ojo a las fotos del Fiat 8V de 1953 para entender este proyecto en toda su extensión. Un coche sublime, ciertamente… y toda una sorpresa para una compañia que había cimentado su historia con coches pequeños y populares como el Topolino (responsable de motorizar a Italia). Sin que nadie lo esperase, Fiat revolucionó el panorama automovilístico con un deportivo propulsado por un motor V8.

Presentado en el Salón de Ginebra de 1952, el Fiat 8V (conocido como Otto Vu en su tierra natal) había tenido un desarrollo curioso. Comenzando por su nombre, ya que a pesar de emplear un motor V8 de 2 litros no pudieron emplear esa denominación en su coche ya que Ford la tenía registrada en ese momento. La solución italiana: invertir la V y el 8. La parte mecánica corrió a cargo de Fiat, que equipó el motor Tipo 104 V8 con una inusual arquitectura del 70 grados y en el que no escatimaron gastos.

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Más decisivo si cabe fue el trabajo de Siata, departamento interno de competición y personalización de Fiat y especialistas en puesta a punto y rendimiento. Suyas fueron, por ejemplo, el chasis y la suspensión delantera y trasera independiente.

Desde Fiat se ofreció esta nueva plataforma a los carrocerios italianos, y rápidamente Zagato, Balbo, Pinin Farina, Vignale y Ghia trabajaron en dar trajes excepcionales a la nueva plataforma. De todos ellos, el Fiat 8V Supersonic nos parece el mejor. De hecho, fue tal la reacción del público ante el diseño que Ghia decidió realizar una producción limitada, dirigida directamente al mercado estadounidense. En total creó 15 unidades de Supersonic sobre la plataforma del Fiat 8V, a los que se sumarían otros tres Jaguar XK120 Supersonic y el único Aston Martin DB2 2/4 MKII Supersonic.

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El diseño “espacial” corrió a cargo del legendario diseñador Giovanni Savonuzzi, un genio que más tarde sería contratado por Chrysler para que trabajase en los diseño del Turbine y que también firmó el famoso Cisitalia 202, el Ghia Gilda o el Ferrari 410 Superamerica Ghia.

El motor V8 de 1.996 entrega 115 CV y está ligado a una caja de cambios manual de cuatro velocidades, suspensión independiente de cuatro muelles y frenos de tambor hidráulicos en las cuatro ruedas. Buenas cifras y cualidades para la época, sí, pero lo que realmente conquista del coche son las líneas de su carrocería. Parece ser que el diseño “Supersonic” había sido propuesto originalmente para un Alfa Romeo de competición, pero al final fue Fiat el que se quedó con él.

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Enamora desde cualquier lado en el que lo mires. El morro curvado en el frontal, con la parrilla ovalada y los faros redondos insertados en ella. O la línea de diseño totalmente horizontal, que rematan en la zaga dando forma al lugar donde se alojan la ópticas, que simulan los “escapes” de un motor a reacción. El mejro diseño de vanguardia de la era Jet.

Comprenderás que se trata de los Fiat 8V más buscados, deseables… y caros. Sobre todo si, como la hermosa unidad que ilustra este artículo, con ese color verde-azulado, que perteneció al piloto de carreras estadounidense Lou Fageol y que en 2015 completó una restauración que duró ocho años.

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Y sí, se vende. Tiene el número de chasis chasis 000049 con el número de motor 000085 salió de la fábrica de Fiat el miércoles 14 de julio de 1953 y recibió el décimo cuerpo Supersonic de los quince fabricados construido (en la carrocería luce la estampación “810”). Hay indicios para pensar también que fue la unidad expuesta en el Salón de Ginebra de 1954, lo que le da todavía más caché y en todo este tiempo apenas ha tenido cinco propietarios. Todos han cuidado el coche escrupulosamente (el segundo dueño se encargó de recuperar el motor original) y desde su última restauración no deja de ganar concursos de elegancia. Y los que le quedan.

Fuente: RM Sotheby’s
Galería de fotos: Darin Schnabel, cortesía de RM Sothebys

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