Conducir con lluvia siempre requiere un extra de atención, pues ante esta inclemencia meteorológica cambian un buen número de condiciones que afectan al comportamiento del vehículo y a las reacciones del usuario. Está demostrado que con este tipo de precipitación hay más accidentes que con otros fenómenos como la nieve, la niebla, el granizo o el viento (en parte porque es más habitual). Y una de las claves cuando llueve es la reducción de la visibilidad que afecta al conductor.

Ya hemos hablado de algunos consejos para conducir bajo la lluvia, por lo que ahora vamos a centrarnos en cómo afecta al entorno visual desde el puesto del conductor. Está claro que con la calzada mojada hay más posibilidades de que los neumáticos pierdan adherencia y, por lo tanto sufrir un accidente. También es muy temido el conocido aquaplaning. Pero muchas veces lo que se infravalora es la reducida visibilidad que suele ir acompañando a la conducción con lluvia.

¿Cómo afecta la lluvia en la visibilidad?

Podemos empezar con la lógica, cuando llueve el cielo suele estar cubierto y por lo tanto hay menos luz ambiental. También hay que decir que las gotas al caer reducen la visibilidad horizontal del usuario, que sería la distancia máxima a la que podemos distinguir un objeto. Estos dos factores ya afectan mucho durante la conducción, pero el efecto se multiplica por la noche. Cuando la iluminación proviene de los faros del coche y de las farolas, lo que consigue la lluvia es filtrar parte de esa luz y reducir las zonas iluminadas. También cambia la percepción visual de las superficies o disminuye el contraste entre los objetos.

A esto hay que sumar que toda la visión que percibimos desde dentro de un vehículo lo hacemos a través del parabrisas y de las lunas. Esto es probablemente lo que más afecte al conductor, pues las gotas de lluvia sobre esta superficie acristalada hacen que se distorsione la luz y se reduzca el rendimiento visual de la persona. De forma inconsciente, el conductor en estado de alerta trata de prestar atención a puntos cercanos en la carretera, perdiendo perspectiva y capacidad de anticipación ante algunas situaciones.

¿Cómo mejorar la visibilidad con lluvia?

Vamos a empezar por los consejos más relacionados con el mantenimiento del vehículo, con tener todo en perfecto estado para prevenir antes que curar. Sobra decir que el parabrisas debe estar en buen estado, sin que haya desperfectos para que no afecte negativamente a la visibilidad. De hecho, te pueden poner una multa por no cumplirlo. Los limpiaparabrisas es el encargado de evacuar el agua en días de lluvia, por lo que no hay que descuidar las escobillas.

Si se vive en una zona lluviosa no es ninguna tontería optar por un tratamiento repelente del agua. Utilizando productos hidrofóbicos se puede conseguir que las gotas resbalen y que la visibilidad a través de las lunas mejore considerablemente. También queda claro que los cristales se empañan más rápido cuando llueve. Para evitar ese efecto es recomendable limpiar las lunas y utilizar la ventilación de forma correcta: con su función específica, aire acondicionado y recirculación. También hay algún que otro truco de gran utilidad.

Una recomendación muy generalizada para conducir con lluvia es encender las luces del coche para ver y ser vistos mejor. Las largas, como en días de niebla, no mejoran la situación pues se reflejan en las gotas de lluvia y en la humedad suspendida. Los antinieblas solo en situaciones extremas, por el bien de todos los usuarios y para evitar la multa que conlleva su uso incorrecto. Hay que acostumbrar la visión a estas condiciones y el conductor debe fijarse en los charcos que puedan causar el temido aquaplaning. El tipo de asfalto también condiciona el agarre.

Teniendo en cuenta lo anterior, siempre hay que aumentar la distancia de seguridad cuando se conduce con lluvia. De esa forma se dispone de un mayor tiempo de reacción ante imprevistos. Para conseguirlo siempre hay que estar pendientes de las luces de los coches que están por delante, así también se pueden adelantar posibles peligros al ver sus reacciones. Hay que prestar especial atención a los vehículos grandes como camiones y autobuses.

El motivo es que su tamaño y masa hace que sus reacciones sean más lentas. A eso hay que añadir que son capacidad de levantar grandes cantidades de agua cuando pasan por charcos, algo que puede llegar a asustar a los conductores de turismos que se crucen con ellos. Si la situación se pone demasiado fea, mejor usar el sentido común. Hay veces que es mejor avanzar con mucha precaución hasta parar en un lugar seguro y esperar hasta que pase la tormenta y mejoren las condiciones.

Fuente: Carglass

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