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Pablo Maza

A martillazos con su Lamborghini Gallardo

Atención: Si es usted un amante de los coches puede que las imágenes que verá en este texto le resulten especialmente dolorosas.

A un servidor, cada martillazo le duele en el pecho. Si una cosa nos han enseñado los niños es que para llamar la atención de los padres, cuanto más escandaloso mejor. Algo similar sucede con las grandes compañías. Si llamas a atención al cliente con un tono amable y sereno, la negativa será la respuesta al otro lado del teléfono, pero si alzas la voz crispado y amenazas con darte de baja del servicio, entonces solucionar el problema será cuestión de minutos.

Pero ojo, todo tiene un límite y si el remedio resulta peor que la enfermedad, mejor intenten controlar la ira.

Algo parecido a la ira debió sentir un ciudadano chino dueño de un espectacular Lamborghini Gallardo, el vehículo soñado por muchos.

Vamos a remontarnos en el tiempo 6 meses atrás, a septiembre del año pasado, cuando este hombre adquirió el vehículo en uno de los concesionarios que la marca tiene en el país asiático.

Apenas un par de meses después, en noviembre, el motor del coche comenzó a dar problemas y como es lógico su propietario acudió al punto de venta en busca de una solución. Cuando fue a recoger su vehículo, después de unos días en el taller, cual fue la sorpresa cuando se percató que no solo los problemas con el motor no se habían solucionado, sino que el vehículo presentaba ralladuras en el lateral de la carrocería, posiblemente por haber sido trasladado por una grúa.

Tras intentar inútilmente solucionar el conflicto con el concesionario, el hombre se esforzó en ponerse en contacto con el CEO de Lamborghini, Stephan Winkelmann, también sin éxito.

Al no encontrar respuesta y sintiéndose estafado, optó ni corto ni perezoso por la vía rápida. Coincidiendo con el Día Internacional del Consumidor, contrató a un grupo de obreros que con su ayuda destrozaron a martillazos el vehículo frente al concesionario de la marca.

Este hombre afirma que las grandes casas automovilísticas de lujo no tratan de la misma manera a los clientes chinos que a los del resto del mundo, y aunque de momento no hemos sabido nada más, esta vez el remedio parece haber sido peor que la enfermedad.

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