A mediados de los 70, Aston Martin decidió que quería demostrar su destreza ingenieril con un coche que sería capaz de alcanzar las 200 mph (322 km/h), el primero de su estirpe. En 1979, el diseñador de la compañía por entonces, William Towns, definió el prototipo que ves en tu pantalla, el Aston Martin Bulldog DP K9. Y tomando la forma de cuña tan característica de la época, consiguió un vehículo que se veía rápido. Pero, ¿consiguió el objetivo?

En 1980, los pilotos de prueba de Aston Martin llevaron el Bulldog a 191 mph (307 km/h) en la recién creada pista de Midwest International Racing Association, M.I.R.A. para los amigos. Pero la compañía tenía poco efectivo, por lo que cuando Victor Gauntlett compró una participación del 10% de la compañía y se convirtió en presidente en 1981, canceló el programa Bulldog. Nunca consiguió alcanzar su fin, y el único ejemplar que se fabricó se acabó vendiendo en 1982.

Pero aún podría tener la oportunidad de brillar. Ahora, 37 años después, Classic Motor Cars (CMC) en Bridgnorth, Reino Unido, quiere mostrar sus nuevas instalaciones de ingeniería y destreza, y tiene la intención de hacerlo con el Aston Martin Bulldog. De acuerdo con CarBuzz, el propietario actual del prototipo envió el coche a CMC para una restauración completa, hasta el último tornillo y tuerca, y se espera que el trabajo demore, aproximadamente, 18 meses.

Después de eso, el Bulldog correrá hacia su destino, apuntando a las 200 mph (322 km/h), o incluso mejor, las 237 mph (381 km/h) que los ingenieros la firma estimaron en ese momento. Además de su forma de cuña, el Aston Martin Bulldog presenta puertas de ala de gaviota y cinco faros delanteros que se montan (y se pueden esconder) en el centro del capó. Ah, y viene con un interior de cuero también. Si verlo ahora es impresionante, imagina cómo lo fue hace 40 años.

Bajo el capó del Bulldog se esconde un motor V8 de 5.3 litros que, gracias a la ayuda de dos turbocompresores Garrett, podía producir 607 CV. Era el mismo bloque una década antes había servido para dar vida a otros modelos de la casa como el DBS (también obra de William Towns). Era el primer intento de la marca de hacer un superdeportivo de motor central, mucho antes de concebir al Valkyrie o el Valhalla, pero el título de coche más rápido del mundo finalmente fue a parar al Ferrari F40 en 1987 (325 km/h).

La restauración devolverá al prototipo a su estado original, aunque Nigel Woodward, el director jefe de CMC, agregó que “puede incluir componentes modernos y tecnología para mejorar la fiabilidad del automóvil”. Por ejemplo, en su día no tenía espejos retrovisores; supuestamente fueron integrados por el coleccionista de Medio Oriente que lo tuvo en la década de los 80. El original era gris y blanco, no verde, y tenía un interior de color negro en lugar de bronceado.

“En este momento estamos asumiendo que nada funciona en el automóvil, y estoy seguro de que, a medida que lo desmontemos, encontraremos todo tipo de desafíos”. Uno de esos desafíos para el equipo de ocho restauradores serán las piezas, una gran cantidad de las cuales, probablemente, deberán fabricarse de nuevo. Sin embargo, CMC sabe lo que está haciendo, siendo la firma que Ian Callum tabuló para construir su Jaguar Mk.2 personalizado en 2014.

Aunque eso no exime al especialista británico de pedir cierta ayuda a los fanáticos de todo el mundo. “Si alguien tiene alguna información o fotografías de época del automóvil, nos encantaría saber de ellos para poder agregar al material de archivo. […] Es un gran honor para CMC ser elegido para restaurar un icono tan famoso de Aston Martin”, añade Woodward.

Vía: CarBuzz
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