Sí, una auténtica tormenta eléctrica. ¿Cómo si no podría definirse a un superdeportivo con una potencia de 313 cv y un par de 4.500 Nm? No, no busquéis más. Es una tormenta. Mejor dicho, TORMENTA. Así, en mayúsculas.

El espectacular Audi e-tron ya había sido anunciado al mundo en el pasado Salón de Frankfurt, dejando a todo el personal con la boca abierta, por cierto. La razón de traerlo de nuevo a portada es porque se está empezando a permitir a los especialistas probar el coche. Y, como no podía ser de otra forma, las valoraciones están siendo más que positivas.

Esos primeros análisis nos están permitiendo escuchar las sensaciones de tener entre las manos una máquina tan increíble como esta. Un coche con cuatro motores eléctricos, independientes para cada rueda, capaz de pasar de 0 a 100 km/h en 4,8 segundos y una distribución de masas que hace que el paso por curva sea mucho más veloz y preciso que el de cualquier otro deportivo. Todo aficionado, yo el primero, estaría dispuesto a casi cualquier cosa por disfrutar de un torbellino así.

Otro de los aspectos sobre los que nos llaman la atención de estas primeras valoraciones, es el cambio en la experiencia sensorial al volante. El ruido del coche es completamente distinto. Se acabaron los rugidos de motor que, para qué negarlo, tienen su encanto. El Audi e-tron es una tormenta silenciosa. Una descarga eléctrica que recorre la carretera prácticamente muda. Los susurros provienen del refrigerante, la bomba de calor y los frenos regenerativos. Toda una transformación a la que habrá que adaptarse, ya que por ahí parece pasar el futuro del automóvil.

Teniendo en cuenta que el lanzamiento de serie está programado para el 2011 ó 2012, que su precio va a estar presumiblemente en torno a los 200.000 euros y que la producción no va a exceder en mucho las 1.000 unidades, con estas primeras tomas de contacto sobre el Audi e-tron, puede que sea lo más cerca que vayamos a estar de sentir lo que significa conducirlo.

No sé, pero sólo de pensarlo, me estoy poniendo rojo de envidia.

Fuentes: Car, Los Angeles Times

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