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BMW 1602 – 7
Mario Nogales

Aunque no lo creas, BMW ya tuvo un eléctrico hace medio siglo

Estamos en un momento en el que los coches eléctricos son los absolutos protagonistas dentro del mundo del motor. Raro es el día que no tratamos el tema en esta misma cabecera, debido a que los fabricantes han centrado todo su esfuerzo en este tipo de tecnología y no dejan de presentar productos que la llevan. Y lo cierto es que la electromovilidad no es algo de la última década, de hecho, ya hubo cierto coqueteo con ella hace más de un siglo. Aunque no lo creas, BMW ya tuvo un eléctrico hace 50 años.

La marca alemana se encuentra celebrando el medio siglo que ha pasado desde el lanzamiento del BMW 1602 Elektro-antrieb, el que está considerado como el primer eléctrico de su historia. Tuvo su debut en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972, en su Alemania natal, en un alarde de capacidades a nivel técnico de la firma. Nunca llegó a comercializarse, no era su finalidad, simplemente trataba de demostrar de lo que podría hacer BMW si se lo propusiera. Con el paso del tiempo ha quedado claro que potencial no le faltaba.

Este ejemplar en color naranja no tenía nada especial a nivel de diseño, sólo se podía observar la ausencia de tubo de escape. Pero sus entrañas escondían algo inédito. En la parte trasera equipaba un pequeño motor eléctrico de 43 CV (32 kW), que accionaba el árbol de transmisión que generaba el movimiento de las ruedas traseras. Era alimentado por una docena de baterías de plomo-ácido estándar de 12 voltios (12,6 kWh de capacidad total) colocadas debajo del capó.

Las baterías eran de Varta y su peso total ascendía a unos 350 kg, dejando al BMW 1602 Elektro-antrieb en 1.330 kg. Era una solución simple, no contaba con las soluciones actuales, pero sorprende que hiciera uso de un arcaico sistema de frenada regenerativa. El motor también hacía las veces de generador para devolver algo de energía a las baterías y aumentar la autonomía. Ese era el dato más crítico, pues este vehículo apenas podía llegar a los 30 kilómetros en conducción urbana o hasta 61 kilómetros a una velocidad constante de 50 km/h.

Tampoco es que corriera mucho más, pues tardaba 8 segundos en hacer ese 0 a 50 km/h y su velocidad máxima era de 100 km/h. Lo importante fue la innovación tecnológica que supuso y que fuera la primera piedra en el proyecto de la electrificación. Medio siglo más tarde este «abuelo» puede sentirse orgulloso de sus «nietos».

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