Mientras que las economías del resto del mundo se hundían ante la fiereza de la crisis económica, el mercado chino, en constante crecimiento, parecía inmune al desastre. La grandes firmas de la automoción habían encontrado en el gigante asiático una vía de escape para paliar sus desastrosas cifras de venta en el mercado occidental, un oasis con tintes de utopía que parece estar tocando a su fín.

Según los últimos datos que hemos podido conocer, las ventas de automóviles en China se situaron en 1,34 millones de unidades durante el pasado mes de noviembre, lo que supone un aumento mínimo de tan solo un 0,29% con respecto al mismo período de 2010. El dato viene a confirmar lo que muchos expertos ya anunciaban; la burbuja del automóvil en China comenzaba a desinflarse.

Para muestra un botón; las ventas de todoterrenos y turismos en el país disfrutaron de un crecimiento del 5,3%, un porcentaje muy alejado de las tasas registradas en años anteriores, como el 32% de 2010 o el espectacular 46% logrado en 2009.

Según los expertos, los motivos que explican esta situación son de orígen político. Por un lado, el final de las ayudas fiscales y por otro, las restricciones impuestas desde el Gobierno a las nuevas matriculaciones, como medida para luchar contra los altos niveles de contaminación que sufre el país.

Ante esta situación, las grandes marcas internacionales de la automoción se preguntan si el chollo en el gigante asiático habrá llegado a su fin, algo que supondría un significativo revés a sus esperanzas comerciales. Como quién no se consuela es por qué no quiere, a las cuatro ruedas, siempre les quedará la India, al menos por el momento.

Vía: El Economista

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