Hubo en tiempo en que se habló mucho de un proyecto prometedor e innovador a partes iguales. Dyson trabajaba en un coche eléctrico y muchos se sorprendían de que un fabricante de aspiradoras se volcase en un ámbito tan diferente al suyo propio. Para ello contaron incluso con la ayuda del gobierno británico y parecía que iba para adelante, aunque se canceló antes de llegar a buen puerto. Ahora James Dyson, fundador de la compañía se sincera y da algunos datos inéditos.

Haciendo un repaso a esta historia, allá por 2016 ya se comenzó a hablar del vehículo eléctrico de Dyson, aunque la información era escasa. El proyecto siguió adelante y en 2018 se anunciaba que Singapur sería el lugar de producción del coche, al ser un enclave estratégico en el que Dyson ya contaba con un buen número de trabajadores. En 2019 se mostró una patente del vehículo, que sorprendía por sus formas y concepto. Y fue a finales del pasado año cuando se cancelaba definitivamente el proyecto por no ser viable a nivel comercial.

Para empezar se muestra una imagen de aquel coche eléctrico, que fue proyectado como un ejemplar de 5 metros de largo, 2 metros de ancho y 1,7 metros de alto. Una especie de monovolumen con aspecto de crossover que tenía capacidad para siete ocupantes. Entre sus peculiaridades de diseño destacaban algunos aspectos como ese parabrisas tan inclinado (más que en muchos superdeportivos) o unas llantas de un tamaño superior a las de cualquier coche de producción.

El interior también sería bastante revolucionario, aunque había menos información al respecto. Ahora con la imagen de su prototipo se confirman unos asientos muy delgados y con un acolchado muy peculiar. El salpicadero destaca por el minimalismo, con ausencia total de pantallas al contrario de la tendencia actual. Delante del conductor iba una revolucionaria instrumentación que mostraba la información como si fuera un holograma.

El coche eléctrico de Dyson, con código interno N526 también habría destacado en el aspecto mecánico. Ya de inicio se habla de una autonomía de casi 1.000 kilómetros que conseguiría prácticamente duplicar la de la mayoría de sus rivales. Las prestaciones no se quedarían atrás, pues combinaría dos motores eléctricos para superar los 500 CV y hace el 0 a 100 km/h en menos de 5 segundos. Nada más para un coche de 2,6 toneladas de peso.

Lo cierto es que se trataba de un proyecto muy prometedor en el que James Dyson se volcó por completo. Reconoce que además de las inversiones por parte de la compañía y del gobierno, también aportó alrededor de 500 millones de libras (unos 560 millones de euros) de su propio bolsillo. Con el tiempo se fue viendo que para ser viable a nivel comercial tenían que haberlo vendido por alrededor de 150.000 libras (unos 168.000 euros), un precio bastante por encima del que dictaba el mercado. De esta forma se ponía fin al coche eléctrico de Dyson, mientras que el equipo de 500 trabajadores que fue contratado para este fin fue recolocado en otros proyectos.

Fuente: The Sunday Times

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