Audi Attitudes ha decidido estudiar las actitudes de los españoles al volante. Y ha descubierto que uno de cada cuatro españoles conduce con frecuencia dominado por el subconsciente y llega a su destino guiado por el instinto.

Este problema afecta principalmente a aquellos conductores experimentados que realizan el mismo trayecto a diario. Sus errores más habituales son cruzar un semáforo en rojo, un exceso de velocidad inadvertida, girar en dirección contraria, frenadas bruscas y no dejar pasar a los peatones -4 por ciento- o saltarse un stop -3 por ciento-.

Este fenómeno afecta por igual a hombres y mujeres, aunque se concentra especialmente en conductores de entre 35 y 45 años, y con más de tres años de carné. Suelen vivir en entornos urbanos, conducen casi a diario y realizan el mismo trayecto de forma habitual para ir a trabajar o estudiar.

Las carreteras monótonas, el exceso de confianza, el estrés o la falta de percepción de peligro son otros de los elementos que favorecen la conducción con el “piloto automático”. Conducir con un poco de ansiedad es bueno, como recordaba Punset

Esto nos recuerda al caso sueco, un ejemplo histórico de por qué prestar atención a la carretera: El 3 de septiembre de 1967, tras más de una década de debates políticos y sociales, todos sus habitantes tuvieron que enfrentarse al Gran Cambio. Ese día empezarían a conducir por la derecha. Lo llamaron el Día H (por höger, “derecha” en sueco).

Los preparativos duraron cuatro años, entre ellos reducir la velocidad a 40km/h en ciudad y 90 en carretera), pues se temía lo peor. El periódico The New York Times alertaba: “Lo que pasará aquí en septiembre ha proyectado muchas sombras grotescas sobre toda Suecia”. Pero nada malo ocurrió. El lunes siguiente al del Día H, hubo un número de accidentes por debajo de la media.

No fue flor de un día o fruto de la casualidad. Hasta un año después la tasa de siniestralidad en carretera no regresó a los valores del año anterior a la transición. Las carreteras suecas fueron mientras la gente se acostumbraba a la nueva forma de conducir, pues tomaba más precauciones. Los estudios indicaron que los conductores adelantaban menos y los peatones buscaban huecos más grandes en el tráfico antes de cruzar. Cuando volvieron a conducir confiados con la nueva forma de conducir tuvieron exactamente los mismos accidentes.

El exceso de confianza también puede darse con la tecnología. Un experimento demostró que implementar mejores frenos en los coches aumentaba la siniestralidad. Lo que oyes. Fue el Experimento del taxista de Múnich, de finales de 1980. La mitad de la flota de una compañía de taxis de Múnich estaba equipada con el (entonces nuevo) sistema de frenos ABS, la otra mitad no.

Y lo que temes, ocurrió. La mayoría de los taxis accidentados eran justamente los coches equipados con ABS. Para averiguar qué ocurría, instalaron una suerte de caja negra en los taxis que registraba toda la información de la conducción. Además, los vigilaban en secreto una serie de observadores (que no sabían si el taxi que cogían tenía ABS o no).

Los resultados indicaron que los conductores habían cambiado su forma de conducir al tener ABS, lo que anulaba los beneficios del nuevo sistema de frenos. Cuando vieron que la distancia de frenado era más corta conducían más rápido y sin precauciones: El nuevo equipamiento de seguridad los estaba haciendo más peligrosos.

Vía: Audi Attitudes, Xataka ciencia, Lucro Sucio

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