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Renault Zoe Riviera 2020 – 2
Luis Blázquez

Si queremos una mayor aceptación de vehículos eléctricos, los fabricantes deben pensar en pequeño

Si los fabricantes realmente quieren ampliar el atractivo de los vehículos eléctricos, el mercado podría tener más modelos eléctricos sencillos y económicos. Recuerda, nuestra actual dependencia de un medio de transporte personal y motorizado se basa en el lejano Ford Model T, no en el Mercedes-Benz de los ricos.

Muchos de los fabricantes que se comprometieron con un cambio importante hacia los coches eléctricos son, en su mayoría, marcas de lujo. Y, como hemos visto hasta ahora, los fabricantes generalistas que introducen productos eléctricos parecen estar sesgando sus esfuerzos hacia una clientela más adinerada. Dados los costes más elevados de la tecnología contemporánea en materia de vehículos de cero emisiones, es comprensible. Y si a eso sumamos la crisis de los semiconductores y los retrasos en las entregas… Apaga y vámonos.

Aun así, dentro de los lanzamientos recientes de alto valor, todavía hay ecos de esos vehículos grandes y llamativos con grandes aletas y parachoques cromados que marcaron el final de la década de 1950. No fue hasta que un modelo compacto y económico de nombre Volkswagen Beetle, con un eslogan publicitario que sugería “pensar en pequeño”, cuando la asequibilidad ocupó un lugar central. Quizás los fabricantes deban dar un paso atrás y pensar en pequeño para proporcionar alternativas eléctricas para el cliente promedio.

La clave de la asequibilidad es superar el impulso incesante de aumentar la autonomía a más de 1.000 kilómetros o más con una sola carga. A diferencia de un automóvil tradicional, en el que se puede hacer un depósito de combustible más grande a un precio mínimo (de hecho, en los vehículos de combustión interna es más una cuestión de espacio que de dinero), aumentar la autonomía gracias a unas baterías más grandes, en cambio, tiene una diferencial de precio enorme en que afecta en la tarifa final de los vehículos eléctricos.

Por supuesto, se ha de continuar investigando y trabajando para mejorar la tecnología actual para hacer que los paquetes de baterías que sean más compactos y ligeros a la vez que otorga una mayor autonomía. Porque las expectativas deberían ser pasos incrementales en lugar de saltos cuánticos. Es una cuestión de ajustar las expectativas y alinearlas con la asequibilidad. Pensar en pequeño puede significar recorrer solo 300 kilómetros más o menos con una carga, en lugar de tener que pagar más para recorrer el doble de distancia.

Si hay mejoras tanto en la velocidad como en la disponibilidad de la recarga, ese sacrificio en la autonomía no importará mucho si se tarda menos de 10 minutos en recuperar el 80 % de esa distancia. Las baterías ya han demostrado que pueden satisfacer las necesidades de muchos en una amplia gama de aplicaciones, tanto en entornos urbanos como suburbanos. Fabricantes como Fiat, Renault, Nissan, Hyundai o Kia ya han demostrado que se puede construir y vender un vehículo eléctrico por menos de 40.000 euros, y hay muchos más en camino.

Los coches eléctricos no son la panacea del transporte, sino que ofrecen otra solución más para satisfacer las necesidades diarias de movilidad personal. Si bien los automóviles eléctricos tendrán una mayor participación en las ventas globales, no reemplazarán del todo a los coches de combustión interna en el futuro previsible. Podemos argumentar a favor de ambos y entender comprender las diferencias y cómo cada uno puede satisfacer mejor sus necesidades es la clave para tomar la decisión de compra correcta.

No nos equivoquemos, la electrificación del coche tal y como lo conocemos está aquí. Sin embargo, el éxito de estos últimos no se debe a un pronunciamiento elevado de un futuro totalmente libre de emisiones por parte de un fabricante o de un político, sino más bien a las decisiones que tomemos a la hora de optar por un coche nuevo en el mercado. Al final, la verdadera medida del éxito es que existan los suficientes coches eléctricos en el mercado con un precio justo para atraer a ese tacaño que todos llevamos dentro.

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