Para hablar de una fecha exacta del origen de las multas hay que remontarse 2.800 años y viajar a Egipto. Allí se ha encontrado la primera sanción de la historia registrada. El infractor sufrió la condena de ser colgado en la puerta de la taberna en la que se había emborrachado antes de chocar contra una estatua y atropellar a una niña. Mil veces peor que las multas económicas que hoy padecemos y que puede llevarnos a costar hasta 800.000 euros, pero no adelantemos acontecimientos.

Detrás de las justas y “proporcionadas” multas del antiguo Egipto, llegan las multas romanas para controlar la circulación. Los romanos eran muy organizados, no hay más que recordar sus técnicas bélicas, y por eso también contaban con una regulación de los por aquel entonces “vehículos” que venían a ser carros tirados por animales, en su mayoría caballos.

Con un millón de habitantes circulando por la metrópoli, el emperador César dictó la primera restricción de tráfico. El texto que la recogía era la “Lex Lulia Municipalis” y establecía quiénes podían circular por las carreteras según la hora. Estos eran: carros que transportaran elementos para la construcción de obras públicas o templos de los dioses y carros de generales ganadores o sacerdotes realizando un acto de culto. El resto de vehículos particulares estaba vetado a la urbe fuera del horario diurno.

No era ni sería la primera vez que en Roma se establecían normas de circulación como la anteriormente nombrada. En el año 1300, el mismo papa Bonifacio VIII, con vistas a la gran peregrinación venidera a la ciudad, decidió establecer una norma que se mantiene hasta el día de hoy en algunos países. ¿En qué consistía? Simplemente en circular por la izquierda, y esa norma se extendió a todos los países de la cristiandad, incluida Inglaterra. Con la invasión de Napoleón, se cambió la norma a circular por la derecha y quién no lo hiciese: multa, ley que no llegó a Gran Bretaña ya que no llegó a ser conquistada por el francés.

En España, la normativa tuvo que esperar al siglo XV para que la reina Isabel la Católica dictaminase el primer código de sanciones de España. Los conductores borrachos eran la principal causa de accidentalidad por aquel entonces por lo que se estableció el pago de una multa, la pérdida del carro (por aquel entonces no había carné de carros) o el ingreso en prisión si se pillaba al susodicho en estado de embriaguez al mando de su carro. Ese mismo siglo en el que se regulaban las sanciones en Castilla, en Inglaterra el código Albus prohibía la conducción de carros a altas velocidades suponiendo el coste de 40 peniques.

Fue la primera norma de unas cuantas regulaciones más como las que un siglo más tarde, el Virrey de Valencia establecería. El noble comentó la posibilidad de excomulgar a todos aquellos que aparcasen en las calles donde circulasen procesiones. En 1767, Carlos III, el rey “alcalde” de Madrid, `propuso controlar de alguna manera el tráfico en la urbe ya debido a la alta siniestralidad. De esta forma estableció una normativa en el que se establecían multas por realizar una serie de infracciones y así también se recaudaba dinero para el mantenimiento de las vías, dos pájaros de un tiro.

Más tarde, en el 1778 se dictaminaría el Real Decreto que instaba a que el gobierno gestionase la seguridad y los caminos y que ha seguido vigente hasta la actualidad. Para los más puristas, el origen de esta regulación comenzará mucho más tarde cuando se apruebe el “Reglamento para el Servicio de Coches Automóviles por las Carreteras del Estado” el 17 de septiembre de 1900. Esta normativa establecía el límite de velocidad en 28 km/h en vía interurbana y 15 km/h en la ciudad.

Otro avance en la regulación de las normas viales vino en septiembre de 1934 con el “Código de circulación” que marcaría toda la normativa de tráfico en España y que culminaría con la creación de la DGT en el año 1982, el primer centro de gestión de tráfico de España que comenzó regulando un pequeño tramo de la N-II a la salida de Madrid.

Todos estos avances, como el envío de multa vía SMS, partieron de ideas tan antiguas como las que hemos visito. Se ha ido evolucionando hasta lo que hoy conocemos y que en Suiza se traduce en multas de hasta 800.000 euros. El infractor fue sancionado en Los Alpes cuando conducía a 290 km/h con su Mercedes Benz SLS AMG. La ley en el país establece que se debe pagar una cantidad proporcional a los ingresos. Desconocemos cuál es la proporción exacta de la multa pero seguro que no le hizo ninguna gracia. Siempre queda la opción de recurrir la multa y a ver si hay suerte.

Fuente: El PAIS, DGT y Motor.es

 

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