El principal problema de los coches eléctricos es que resultan bastante caros. ¿Por qué? Por las baterías. Para que llegasen a competir con los coches con motor de combustión interna, el precio de las baterías tendría que bajar entre un 50 y un 80%, según cálculos del Departamento de Energía de los EE.UU. Para hacernos una idea, el paquete de baterías del Chevrolet Volt que probamos cuesta unos 6.300 euros, y la del Nissan Leaf, más grande, cuesta unos 9.400 euros.

Actualmente, los fabricantes de automóviles no permiten que sus baterías para coches eléctricos se carguen completamente, lo que ayuda a evitar altos niveles de tensión capaces de degradar los materiales de la batería o, en algunos casos, provocar incendios. También mantienen cierta capacidad en reserva en caso de sobrecalentamiento o de otros factores que reduzcan el rendimiento de la batería.

Ahora bien, la agencia estadounidense ARPA-E (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Energía del Gobierno de EE.UU) señala que el uso de mejores sensores y controles podría permitir a los fabricantes de coches reducir el tamaño de la batería para coches eléctricos entre un 20 y un 50%. Esta rebaja podría hacer que los coches eléctricos fueran más asequibles.

Para desarrollar este tipo de tecnología necesaria para conseguir unas baterías más pequeñas y baratas, el Gobierno estadounidense ha destinado la cantidad de 30 millones de dólares (22,7 millones de euros) a la ARPA-E, agencia que lleva en funcionamiento más de un año. Asimismo, esta agencia señala que estos sensores podrían tener un efecto aún mayor sobre las baterías de vehículos híbridos de gasolina y electricidad, haciendo que reduzcan su tamaño a la mitad.

Mercedes OG LE 306 1972
Baterías del Mercedes OG LE 306. Era 1972

El uso de estos sensores mejorados podrían informarnos de lo que sucede dentro de cada uno de los cientos de células que componen la batería de un vehículo eléctrico, y permitir a los fabricantes de automóviles almacenar más energía de forma segura. Uno de estos sensores sería de fibra óptica, desarrollado en el Centro de Investigación de Palo Alto en EE.UU., y ayudaría a los fabricantes de coches eléctricos a obtener el máximo rendimiento de las baterías de los coches.

Basándose en simulaciones por ordenador, ARPA-E considera que contar con mejores datos, junto con un software de control de batería y modelos informáticos de baterías mejorados, permitiría que las células alcanzaran sus límites de forma segura. Si los fabricantes de automóviles pudieran sacar más provecho de cada célula de batería, podrían hacer que los paquetes de batería fueran más pequeños sin sacrificar el rendimiento.

Por el contrario, no todo el mundo está de acuerdo con que los sensores puedan reducir tanto el tamaño de la batería, como afirma la ARPA-E. Bill Wallace, director del grupo de ingeniería de sistemas de baterías de General Motors (GM), afirma que el desarrollo de mejores sensores es importante, pero quizá no sea posible reducir el tamaño de la batería entre un 20 y un 50 por ciento. Para ello, según Wallace, sería necesario conseguir todas las mejoras que sean teóricamente posibles, algo que rara vez resulta práctico. Aún así, GM, aunque no forma parte del proyecto de la ARPA-E, también está trabajando en sensores de baterías.

Fuente: MIT Technology Review

NO HAY COMENTARIOS

Deja una respuesta