El Peugeot 806 aterrizó en el mercado en octubre de 1995, aproximadamente al mismo tiempo que sus homólogos de Citroën (Evasion), Fiat (Ulysse) y Lancia (Z). Fue la primera incursión de la marca en el terreno de los monovolúmenes de gran tamaño, un segmento creado en Europa a mediados de la década de los 80 por su compatriota francés el Renault Espace. En esa época, el concepto SUV aún era desconocido, por lo que lo que estas carrocerías sí que gozaban de cierto éxito.

Presentado en 1994, esta miniván destacaba por sus puertas traseras correderas y su inmenso interior, capaz de acomodar hasta siete personas, e incluso ocho si se optaba por montar un último banco de tres asientos. El resultado fue un automóvil para la familia, especialmente para las numerosas, pudiendo transportar pasajeros a cualquier lugar con total comodidad. Porque la capacidad de carga también era notable: el volumen mínimo era de 340 litros, mientras que el máximo se alzaba con 2.100 litros.

Dado que tenía que compartir línea de montaje y componentes con sus hermanos italianos, el 806 lucía una estética servicial. En otras palabras, presenta formas casi cuadradas y dedicadas a la racionalidad, con luces delanteras delgadas y traseras cuadradas con las esquinas ligeramente redondeadas. La parrilla es la típica de los coches de Peugeot de la época, y es uno de los detalles que más diferencian a los cuatro modelos derivados de este proyecto. El restyling de 1998 se limitó a algunos detalles menores de cara.

El proyecto que fue la base de la realización de estas minivans incluyó el uso de una plataforma que luego se usaría para las furgonetas Expert de Peugeot, Scudo de Fiat y Jumpy de Citroën. El resultado fueron cuatro vehículos destinados a profesionales casi idénticos, tanto en términos de plataforma como de mecánica, pero ligeramente diferentes en términos de niveles de equipamiento. El 806 era, básicamente, una de las versiones más simplificadas, aunque también había acabados más lujosos con todo tipo de comodidades.

La parte mecánica también era compartida y nacida del mismo proyecto. Inicialmente se puso a la venta con dos motores de gasolina y dos diésel, todos de cuatro cilindros y también utilizados en otros coches del Grupo PSA: los primeros entregaban bien 121 o 147 CV, mientras que los segundos hacían lo propio con 92 y 110 CV. A partir de 1999, la gama fue reducida a un solo motor de gasolina de 132 CV y uno diésel de 107 CV, pudiendo equiparse una caja de cambios automática opcional en la vertiente más potente; por defecto todos tenían una transmisión manual de cinco relaciones.

En cuanto al chasis, podemos decir que hacía gala de una suspensión independiente delante y un eje trasero con ruedas interconectadas a través de una barra de torsión. El sistema de frenos era de cuatro discos con ABS para toda la gama, y poco más podemos decir. No fue una máquina construida con el objetivo de asaltar los circuitos, y dudo mucho que alguien se le ocurriese la idea de que sería una base ideal para ir de tandas. Bueno, los ingenieros de Peugeot sí que lo sopesaron y, de hecho, lo pusieron a prueba.

Al observar los 46 coches que participaron en las 24 horas de Spa Francorchamps el 30 de julio de 1995, se puede ver uno que parecía que muy distinto a lo que uno considera un coche de carreras. Era un Peugeot 806 con el dorsal 86. El coche correspondía a la filial belga de la marca, presente oficialmente en el campeonato nacional Procar, carrera en la que los vehículos están muy cerca de las especificaciones del modelo de serie. Tres conductores, todos de nacionalidad belga, son los que se turnaron al volante.

Eric Bachelart, junto con Philippe Verelleny y Pascal Witmeur, fueron los protagonistas de una gran parte de la carrera hasta la duodécima hora, antes de pasar el testigo a sus compañeros Van de Wauwer-Boillot-Caiellet que, con un Peugeot 306 turbodiesel, triunfaron en la categoría EcoTech. Así que sí, el 806 de dorsal #86 era en realidad un coche de carreras oficial de Procar y, sorprendentemente, ni siquiera fue un desastre absoluto, estableciendo el duodécimo mejor tiempo. Eso sí, este no era un 806 ordinario.

Estaba equipado con una suspensión y kit de frenos del 406 Superturismo, mientras que el motor derivaba directamente del empleado en el 306 MAXI de rally, produciendo la friolera de 300 CV. Este Peugeot 806 era un claro ejemplo de cómo se podían reinterpretar con una óptica deportiva algunos modelos que, aparentemente, tenían muy poco de deportivos. Causó un gran revuelo entre el público, representado por familias con niños que vieron como competía un coche que era muy parecido al suyo.

En cada vuelta generaba euforia y fue un auténtico éxito de comunicación, ya que se habló mucho de una aventura que hasta entonces parecía impensable. Todos sabemos que Peugeot tiene una larga y rica historia a la hora de volverse completamente loco y hacer locuras, por lo que no debería sorprendernos la historia del 806 de carreras. Fue un gran truco publicitario, y recuerda que esto fue en 1995 y la palabra “marketing” no se ha inventado todavía.

El 806 fue reemplazado por el 807 en 2002, que continuó en el mercado hasta 2014, cuando fue sucedido de forma progresiva primero por el 5008 en 2010, y luego de forma completa en 2017 con su segunda generación siguiendo la moda crossover.

Fuente: Peugeot

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