Better Place era una empresa con una idea fantástica. Como los coches eléctricos tienen una autonomía reducida (una de las verdades irrefutables del coche eléctrico) se les ocurrió que los coches cambiasen su batería descargada por una llena en lugar de esperar a que se cargase. Estos cambios se producirían en sus electrolineras robotizadas en un breve intervalo de tiempo.

La idea caló y la empresa recaudó unos 650 millones de euros (con inversores como General Electric, Israel Corp., HSBC y Morgan Stanley) para construir su infraestructura de carga para coches eléctricos. En principio, donde mejor funcionaría sería en países pequeños, como Israel y Dinamarca, donde no pudiesen hacerse viajes demasiado largos. Pues bien, el mes pasado, Better Place anunció que liquidaba sus activos al no poder conseguir más financiación. ¿Qué ocurrió?

Tenían innovación y tecnología… Better Place es el dueño de las baterías en los coches eléctricos de sus clientes, fabricados por Renault. Por una cuota mensual, el cliente recargaba la batería en unos cargadores instalados por Better Place o iba a sus electrolineras a cambiar automáticamente las baterías descargadas por otras cargadas. Los conductores debían comprar un plan de kilometraje mensual, que el fundador y director de la empresa, Shai Agassi, comparaba con comprar un plan de teléfono móvil. La idea se la había dado Bill Clinton en 2006: los coches eléctricos podían ser gratis, como los móviles.

Better Place apostó a que los fabricantes de vehículos se pondrían de acuerdo para hacer baterías de coches en formas y tamaños estándar, para ampliar sus clientes potenciales. Nada más lejos de la realidad. Incluso en un mismo fabricante, los ingenieros usan múltiples diseños de baterías, así que era bastante improbable conseguir que fabricantes de la competencia se pusieran de acuerdo en un único paquete de baterías.

Better Place solo consiguió convencer a Renault para que fabricara coches que pudieran funcionar con su sistema de cambio de baterías. Y los consumidores no se mostraron demasiado interesados: Better Place ingresó menos 5,3 millones de euros de euros por ventas, según PrivCo.

Desde su sede en Silicon Valley, Better Place firmó acuerdos para instalar infraestructura de carga en Israel, Dinamarca, Holanda, China, Australia, Hawai, San Francisco y Japón. Los tratos requerían una inversión masiva de capital, hasta que los consumidores se apuntasen para usar la infraestructura. A principios de este año la empresa eligió centrarse en Israel y Dinamarca, pero no consiguió el número suficiente de clientes como para aliviar sus deudas.

Si Better Place hubiera tenido éxito, se pensaría en ella como una empresa visionaria, capaz de revolucionar una industria intensiva en capital dominada por poderosas empresas. Su fracaso no supone el fracaso del vehículo eléctrico, pero sí que señala los límites de la tecnología actual de baterías y el reto que supone introducir productos y servicios innovadores en la industria automovilística. “La capacidad de Agassi de disparar la imaginación de la gente era el mayor activo de la empresa. Es algo importantísimo”, aseguraba el inversor de capital riesgo Matthew Nordan… Pero no bastó con eso.

Vía: MIT

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