El coche eléctrico ha venido para quedarse. En los últimos tiempos estamos asistiendo a un buen número de lanzamientos en este segmento y las marcas que aún no lo han hecho están trabajando en algo de cara a futuro. Pero lo cierto es que el vehículo eléctrico no es un invento nuevo, ya a principios del siglo pasado se desarrollaron algunos modelos de cero emisiones. Y, aunque por entonces no cuajó, los experimentos en este ámbito siguieron existiendo. De ahí que se viera un SEAT Toledo eléctrico en 1992.

En dicho año sucedía uno de los eventos recientes más importantes para la historia del país: los Juegos Olímpicos de Barcelona. Aprovechando la ocasión y como no podía ser de otra forma, SEAT se convertía en la marca oficial de dichas Olimpiadas. La marca con sede en Martorell daría protagonismo a su popular SEAT Ibiza y pondría una flota de 2.000 coches para trasladar a deportistas y organizadores. También hicieron el SEAT Toledo Podium, con un equipamiento más exclusivo y solo para los 23 españoles que consiguieron medalla.

Sin embargo, el detalle más curioso llegó cuando la organización pidió a SEAT que hiciera un vehículo especial para cubrir el recorrido de la antorcha olímpica y durante los 42 kilómetros del maratón. De ahí surgió el SEAT Toledo eléctrico, un prototipo desarrollado en apenas dos meses que sería el primer modelo de estas características en la marca. Una especie de antecesor del SEAT el-Born que tomaba como base la primera generación de la berlina que se dejó de vender este año.

En ese ejemplar se prescindía por completo de la mecánica de combustión, en su lugar se instalaba un pequeño motor eléctrico con poco más de 20 CV. Llamativamente sí que mantenía el cambio manual de cinco velocidades (actualmente la mayoría de eléctricos prescinden de este elemento) con su embrague correspondiente. Aunque ahora se llevan las baterías de iones de litio, en 1992 se apostó por unas de plomo-gel. El paquete aportaba unos 500 kg e iba instalado bajo el piso en la parte trasera.

Se desconoce la potencia exacta de esa batería, pero se estima que la autonomía de ese SEAT Toledo eléctrico era de apenas 65 kilómetros. Fue suficiente para cubrir la distancia del maratón y para acompañar a los atletas con la antorcha, pero dista mucho de los 300-400 kilómetros que ofrecen los eléctricos actuales. Debido al incremento de peso se tuvieron que reforzar la suspensión y los frenos, mientras que para recargarlo había un enchufe escondido tras su parrilla delantera.

Sobra decir que este SEAT Toledo eléctrico pasó al olvido justo después de esos Juegos Olímpicos de Barcelona ’92. Por aquel entonces era inviable llevar esa tecnología a producción así que se abandonó el proyecto. Por suerte la marca localizó recientemente este ejemplar en una nave de la fábrica de Zona Franca y decidió restaurarlo por completo. Actualmente forma parte de la colección Coches Históricos Seat en la famosa Nave A122.

Fuente: SEAT

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