Llega septiembre y, con él, la vuelta al trabajo y a la rutina para miles de españoles. Tras la operación retorno toca hacer balance y este año no podemos decir que haya buenas noticias. Durante los pasados meses de julio y agosto murieron 259 personas en las carreteras. Para tener una perspectiva y comprender esta cifra la comparamos con 2017 y vemos que son 34 fallecidos más. Las víctimas mortales en accidentes de tráfico han aumentado un 15 % este verano.

El mes de julio se saldaba con 127 fallecidos (6 más que en el ejercicio pasado) y agosto terminaba con 132 víctimas (28 más que en 2017). Estos datos no son nada alentadores. Partimos de la base de que en 2001 hubo 845 fallecidos y desde ahí se fue reduciendo la cifra hasta llegar un mínimo histórico de 220 fallecidos en 2014. Tras el repunte de 2016 y este de 2018 (nos hemos puesto a niveles de 2011) queda claro que son necesarios algunos cambios para que no se mantenga este estancamiento.

Si analizamos por comunidad, vemos que aumentan las cifras en Valencia (+13), Galicia (+11), Aragón y Castilla y León (+7), Canarias (+6), Cataluña, Comunidad Foral de Navarra y País Vasco (+3) y Región de Murcia (+1). El resto experimentan descensos muy ligeros. Las carreteras convencionales siguen siendo las que acumulan el mayor número de accidentes (el 76 %), mientras que el tipo de accidente que más muertes causa sigue siendo la salida de vía (el 37 %).

Otros datos que destacan de este verano es que 29 de los fallecidos (el 23 % del total) no llevaba puesto el cinturón de seguridad, algo inexplicable en pleno siglo XXI. Y lo cierto es que este verano solo ha habido un 1 % más de desplazamientos que el año pasado (88,5 millones frente a 87,7 millones), por lo que tampoco es excusa. Si que es verdad que se han llevado a cabo campañas y operativos especiales en verano, pero parecen no ser suficientes.

Algunas organizaciones como el RACE consideran que estas cifras son intolerables e instan a la DGT a llevar a cabo medidas efectivas. Ya hay algunas propuestas en distintos frentes que podrían aplicarse en busca de reducir el número de víctimas. Para empezar, las infraestructuras no están en buen estado, por lo que habría que recuperar la inversión en ellas. Las carreteras convencionales aglomeran la mayoría de accidentes, igual sería conveniente incentivar el uso de autopistas. También sería recomendable un Plan Urbano de prevención de accidentes en ciudad.

La edad media del parque móvil no para de crecer y esto se podría solucionar con una ampliación del Plan PIVE que incluyera al vehículo seminuevo para facilitar las cosas al usuario. Del mismo modo, el IVA de accesorios y mantenimiento en seguridad se grava al 21 % como los bienes de lujo y eso tendría que reducirse. Por no hablar de la educación, todavía son necesarias una educación vial, formación y campañas acordes a las necesidades. Veremos si algunas de estas medidas son tomadas en cuenta en el futuro.

Fuente: DGT / RACE

NO HAY COMENTARIOS

Deja una respuesta