Hace más de 30 años ya recorría las calles europeas un coche ecológico que presentaba algunas características que nos parecen novedosas hoy en día. Era el Volkswagen Öko-Polo (Eco-Polo) de 1989, un turismo pensado para recorrer 100 kilómetros con un consumo de apenas tres litros. Un sueño que se hizo realidad pero que acabó por ser efímero.

Bajo consumo, indicadores para el cambio de marcha, cambio semiautomático, filtro de partículas y sistema stop-start son sólo algunos de los cambios revolucionarios que estrenó el vehículo de la marca alemana.

Volkswagen Polo Formal E, el padre del Öko-Polo

Volkswagen Polo Formal E

El origen de Volskwagen Öko-Polo habría que buscarlo en el Polo Formal E de los años ochenta, el primer intento de sacar al mercado un coche basado en la eficiencia. Como una evolución de los primeros Polo, estos coches ya presentaban unos desarrollos más largos. También, como algo totalmente novedoso y que no se ha hecho habitual hasta hace no muchos años, el panel disponía de un piloto que se encendía en el momento ideal para cambiar de marcha.

Su pico de velocidad, unos 146 kilómetros por hora, lo conseguía en tercera, pero disponía de una cuarta a modo de velocidad crucero. También se fabricó un modelo de la gama Classic C que mecánicamente era igual, pero tenía un estilo más tradicional y enfocado al lujo, con algunos extras como un reloj analógico.

Volkswagen Öko-Polo, una auténtica obra de ingeniería

Volkswagen Öko-Polo

La marca Volkswagen junto con la empresa de ingeniería de Berlín Auto und Verkehr (IAV GmbH) se lanzaron a explorar los límites de la conducción económica. Uno de los eslóganes con los que intentaban vender el modelo suena de completa actualidad: «Respetuoso con el medio ambiente porque ahorra energía, tiene bajas emisiones y bajo ruido».

La idea era crear un automóvil ligero para el uso diario. Por ello, el modelo perfecto era el Polo. De hecho, desde el exterior apenas se observaban diferencias. Tan solo llevaba las rayas del arco iris apostadas en sus costados y compartía con el Formal E el alerón trasero. Lo diferencial se encontraba en su interior.

El Volskwagen Öko-Polo se nutría de un motor diésel de dos cilindros, sobrealimentado por un G40 que hasta entonces sólo se había montado en los coches de alto rendimiento. Gracias a ello conseguía llegar hasta los 40 caballos, suficientes para un modelo pequeño, pero sin ser nada espectacular. Su poco peso, 810 kilos, favorecía que el coche pudiera acelerar hasta alcanzar casi los 140 kilómetros por hora a máximo rendimiento.

La caja de cambios de cinco velocidades era semiautomática, sin necesidad de tener pedal de embrague. Por el contrario, disponía de un cambio robotizado que se activaba mediante un pequeño dispositivo dispuesto en la propia palanca de cambios. También tenía una especie de sistema stop-start que desconectaba el motor cuando se soltaba el pedal del acelerador, y volvía a conectarlo cuando se aceleraba.

Para el tema de las emisiones, el Öko-Polo disponía de un sistema de recirculación de gases para reducir el óxido de nitrógeno. Además, tenía un filtro de partículas que se regeneraba añadiendo un aditivo de óxido de hierro al gasóleo. Esta solución duraba unos 80.000 kilómetros.

Una cuestión de precio

Esta revolución de eficiencia que pretendía poner en marcha Volkswagen se dio de frente con otra realidad: su propia eficiencia económica. Todas las especifidades del Öko-Polo hacían que sus piezas no fueran compartidas por otros modelos, por lo que había que producirlas exclusivamente para él. Esto suponía un auténtico freno para la producción industrial, la base de la industria automovilística.

Tan solo se fabricaron 50 coches, destinados a personas cercanas a la marca para que pudieran probarlos y así sacar conclusiones. La realidad es que se mostró como un coche eficaz y eficiente. Para su testeo realizaron un viaje de unos 1500 kilómetros entre la ciudad alemana de Wolfsburgo hasta el sur de Francia. Los resultados fueron increíbles, el consumo había sido de 1,7 l/km.

Sin embargo, la mencionada imposibilidad de fabricar en cadena la mayoría de sus componentes hicieron del Öko-Polo un modelo muy caro de producir. A día de hoy se estima que hay unos diez vehículos de este modelo circulando. El problema radica en que, debido a la poca cantidad que se produjo y a que sus piezas son exclusivas, una pequeña avería puede suponer que sea casi imposible arreglarlo.

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