Si había un coche especial dentro del segmento de los compactos, ese era el BMW Serie 1. Al menos eso era así hasta la llegada de su actual generación. Entonces, cambió una de las señas de identidad de la marca, la propulsión (motor que mueve las ruedas traseras, dejando el eje delantero con una única encomienda, la dirección) por la tracción delantera. En pocas palabras, perdió el valor que le servía de factor diferencial respecto a la competencia y que le daba ese comportamiento tan especial.

A esto hay que sumar otro cambio importancia, el paso del motor longitudinal a la disposición transversal que también es la más popular. Esta pérdida de personalidad se debía a la introducción de la plataforma UKL2, que es la misma que tienen otros modelos de la marca alemana como los BMW X1 y X2. Rápidamente se fueron sucediendo las críticas, pero desde aquí no queríamos pronunciarnos sin haberlo probado antes y lo hicimos de forma intensiva y con vídeo incluido.

Lo cierto es que sorprende que todos estos cambios no supongan una merma en su inherente dinámica, sino más bien al contrario, puesto que sus ingenieros han creado un avanzado chasis que permite una agilidad sobresaliente. Al mismo tiempo, la nueva arquitectura permite una disposición más óptima de los elementos implicados en la cinemática para crear un habitáculo más espacioso y cómodo. Lo notamos especialmente en las plazas traseras y la zona de carga, que tiene un volumen de 380 litros.

Además, estamos con un auténtico referente en cuanto a calidad percibida. Los acabados del BMW Serie 1 están por encima de la media gracias al uso de materiales de primera y una construcción sólida. Con la nueva generación también se introducía nueva tecnología y gracias al sistema operativo 7.0 de BMW las opciones serán muy extensas. En definitiva, aunque pierde algo de carácter, el compacto sale ganando en conjunto y se posiciona como uno de los rivales a batir.

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