Hace unos meses llegaba al mercado el Citroën C3 2017, un coche que pretende ser una alternativa diferente a los utilitarios convencionales, con una estética poco convencional, jugando con la imagen de crossover y pensando más en la comodidad de los ocupantes, como pudimos ver en nuestra prueba.

Además de la imagen, pretende ofrecer también mecánicas de última generación… y limpias. La última en incorporarse a la gama es el Citroën C3 GLP, basado en el gasolina 1.2 PureTech de 82 CV y asociado a la caja de cambios manual de cinco velocidades.

Ya el anterior C3 2013 contó con una versión con GLP y como aquel el nuevo puede funcionar tanto con gasolina como con GLP (Gas Licuado de Petróleo). La marca indica que puede ahorrar entre un 40% y un 45% en la factura del combustible.

Ese es su principal argumento de compra. Y es que asociado al acabado Feel (en intermedio de la gama, entre el Live y el Shine), tiene un precio de 15.000 €, 1.500 más que el C3 1.2 PureTech. Homologa 4,9 l/100 km en modo gasolina y 6,3l/100 km con autogás (con un precio muy inferior) y alcanza una autonomía de 500 km con este último combustible.

El GLP no es muy popular en España (apenas circulan en España 55.000 vehículos, un 0,2% del parque móvil). Hay ya muchos profesionales que sí lo utilizan, pero está lejos de alcanzar las cifras de países como Italia (2% del parque) o Polonia (14%). Existen ya 555 estaciones de servicio que ofrecen gas licuado del petróleo) donde poder repostar los 33,6 litros de capacidad de su depósito (situado en el compartimento que el maletero destina a la rueda de repuesto para no perder espacio de carga).

Lo mejor es que tendrá la pegatina identificativa de emisiones ECO, que le permitirá circular cuando se activan los protocolos anticontaminación. Algo lógico ya que apenas emite 102 g/km de CO2 con autogás (y un bajo nivel de NOX) y 113 g/km con gasolina. Mejora pues las cifras del anterior Citroën C3 GLP, que contaba con un 1.4 VTi de 95 CV y cambio manual de cinco velocidades (127 g/km cuando funcionaba con autogás y 136 g/km con gasolina).

Como es habitual con estos coches (ver prueba del SsangYong Korando GLP), el vehículo arranca en modo gasolina y tras unos segundos pasa automáticamente a GLP. Podrá desconectarse con un botón situado a la izquierda del volante. Hay pocas diferencias más, salvo en el cuadro de mandos, pequeñas modificaciones de las válvulas y el mantenimiento algo más exhaustivo que hay que cumplir (con más cambios de filtros principales -cada 25.000 km- y bujías.

Fuente: Citroën
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