En 1963, Mercedes presentó al público un modelo que tenía un rasgo inconfundible. El techo duro de este coupé descapotable, recordaba por sus formas a los templos orientales y muy pronto la gente lo bautizó con el sobrenombre de Pagoda. Pero este coche, el Mercedes 230 SL escondía más cualidades que su línea… empezando por sus ancestros.

Sus dos predecesores

Las siglas SL son importante en la historia de Mercedes. La nomenclatura de los modelos de la marca de Stuttgart se ha basado, desde los años treinta, en un código simple, donde los números indican la cilindrada del motor (por ejemplo, 220 es un 2,2 litros) y las letras hacen referencia al concepto de coche. Así, los SL toman la S de sport y la L de ligero (leicht).

La saga de los Mercedes SL empezó un 15 de junio de 1951, cuando la junta directiva de Daimler-Benz aprueba el regreso a la competición, tras el parón de la II Guerra Mundial. Ahi nacería el Mercedes 300 SL, un coche desarrollado con las carreras en mente única pretensión de servir como coche de carreras que entre sus numerosas singularidades contaba con unas puertas laterales que se abrían hacia arriba y que pronto hicieron que el modelo fuera conocido como alas de gaviota.

Mercedes 300 SL

El 300 SL arrasó por su fiabilidad mecánica. De cinco carreras en las que participó, ganó cuatro (Berna, Le Mans, Nürburgring, Panamericana) y quedó segundo en la restante (la Mille Miglia). Esa reputación hizo que un austriaco afincado en los Estados Unidos, Max Hoffman no parase hasta convencer a la marca para que fabricasen el vehículo en serie. Presentado en el Salón de Nueva York de 1954, la versión de serie del 300 SL mantuvo las puertas de alas de gaviota y un volante que se desplazaba para facilitar el acceso al interior. También incorporaba unos inyectores de combustible Bosch basados en los motores de aviación.

Mercedes 190 SL

Fue tal su acogida que Daimler-Benz lanzó al mercado una versión más sencilla y económica, el 190 SL, inspirado en el alas de gaviota, pero no tan deportivo. Ambas variantes, el 300 y el 190, coexistieron hasta 1963 con algunos cambios, como por ejemplo la desaparición de las puertas laterales de apertura hacia arriba que dieron su apelativo al 300, para convertirse, en 1957, en un roadster.

El nacimiento

Fue en marzo de 1963 cuando hizo su aparición espectacular, en el Salón de Ginebra, el Mercedes 230 SL. Pronto fue bautizado como Pagoda, un nombre que heredaron las sucesivas evoluciones del modelo, el 250 SL y el 280 SL, hasta la llegada de la siguiente generación de la familia SL en 1971.

Sólo habían pasado nueve años desde el debut del SL 300 (W 198) y el 190 SL (W 121), pero bajo la dirección de Friedrich Geiger nació un coche moderno que, al mismo tiempo, establecía nuevos estándares en el campo de la seguridad para todos los vehículos. Porque el SL 230 fie el primer coche deportivo con un habitáculo rígido y zonas de deformación en la parte delantera y en la parte trasera.

Pero además, su línea se convierte rápidamente en un icono de estilo, su comodidad es inigualable y su dinámica es increíble. Este roadster de dos asientos (con capota de lona o techo duro) tiene un motor de 6 cilindros de 2306 cc que rendía 150 CV, unido a una transmisión automática de cuatro velocidades. Diseñado por Paul Bracq, su línea recordaba a los techos curvos de los templos orientales: de ahí que el 230 SL se convirtiese de inmediato, para todos y para siempre, como el Pagoda.

A finales de 1966 llegaría el 250 SL con un motor de 2.496 cc, con el que el Pagoda tarda una hora al cien por desde parado en 10 segundos exactos, 1,1 segundos menos que el anterior motor. La tercera y última versión se produjo dos años más tarde. En 1968 se completa la revolución sociocultural del mundo con el Mercedes 280 SL: Su motor de seus cilindros cubica 2.778 cc y rinde 170 CV, hace el 0-100 km/h en 9,2 segundos y alcanza los 200 km/h.

Su techo duro desmontable reunía en un solo vehículo los conceptos de coupé y roadster. Pero esa capota rígida mejoraba en primer lugar el confort y eliminaba los ruidos aerodinámicos, pero conseguía que la protección de los ocupantes, en caso de accidente. Y si se dejaba el techo duro en casa también existía la opción de lona para cubrir el habitáculo. Además, la alta cúpula que daba nombre al coche ofrecía más luminosidad interior, gracias a una enorme superficie acristalada y un acceso más fácil al habitáculo, donde había una mayor amplitud.

El concepto estético, que se mantuvo con plena vigencia hasta 1971, año en que cesó la producción del Pagoda para dar paso a su sucesor, el 350/450 SL. En sus ocho años de existencia se fabricaron 48.912 unidades, muchas de las cuales se exportaron a los Estados Unidos (un 77% de las ventas fue con caja de cambios automática y dirección asistida, que era opcional pero muy demandada en América).

Su motor era muy fiable, aunque consumía bastante, y se decía que era el coche con mayor estabilidad de la época. EL 250 SL ya dió más problemas mecánicos (de ahí su escaso año de vida) y el 280 fue la versión más potente y deseada. Hoy en día se ven algunos circulando… pero sus dueños, como el del vídeo que te traemos a continuación, es difícil que los vendan debido a su robustez y fiabilidad del coche, unido a lo cómodo y agradable que resulta de conducir todavía hoy:


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