La complejidad no es lo más esperado a la hora de construir un coche, lo sencillo es lo más atractivo ya que, además de reducir el gasto final, permite una producción más numerosa de los vehículos que se piensan producir en masa. Los siguientes vehículos son reconocidos por su virtuosismo a la hora de ser construidos y al mismo tiempo su complejidad. No está de mal reconocer el trabajo duro y la dificultad cuando el resultado son obras maestras como estas, porque salir de la zona de confort no es nada fácil pero da sus resultados.

Citroën DS (1955–1975)

La parte frontal del Citroën DS lanzó por la ventana la concepción que se tenía hasta entonces de la ingeniería y estilo convencionales de la marca y se las arregló para hacer el diseño funcional y, aún más, bello. El corazón de la mecánica del coche era una suspensión hidroneumática presurizada a 131 bares por una bomba a motor, un sistema que fue desarrollado en secreto durante la ocupación nazi de Francia.

El diseño causó sensación y reemplazó los anteriores resortes de metal y amortiguadores de tubo por espolones hidráulicos. El fluido no se puede comprimir pero se le añadía nitrógeno que sirve como elemento elástico. Además, Citroën aprovechó este sistema hidráulico para la dirección asistida, toda una novedad que fue reconocida por el público francés. La hermana menos del DS y el mismo modelo permanecieron en producción durante 20 años con 1,5 millones de ventas.

Ford Fairlane 500 Skyliner (1957–1959)

Actualmente, el hecho de bajar el techo en un coche convertible es tan simple como presionar un botón, pero el primer modelo que se atrevió a presentarse no tuvo tan buena aceptación por el público como la esperada. En primer lugar, la complejidad del mecanismo le hizo perder mucha fiabilidad.

La marca que se lanzó a la aventura fue Ford con su modelo Skyliner. El coche necesitaba de seis mecanismos diferentes, cinco motores, nueve interruptores automáticos, 10 solenoides, 13 interruptores y 610 varillas de alambre, ahí es nada. Pese a todo el esfuerzo de su producción, el público no pareció sorprendido y se decantó por el diseño tradicional de Ford Sunliner. No sería hasta unos años más tarde cuando algunos vehículos con techo retráctil volvieran a aparecen con un puesto significativo en el mercado automovilístico.

Mercedes-Benz 600 (1963–1981)

Uno de los coches que más gustaba a las estrellas como John LennoIdi y Amin, Hugh Hefner y Mao Tse-tung, Elvis Presley y Nicolae Ceauşescu. Su elegancia le convertía en una compra asegurada, pero lo más destacable del Mercedes-Benz 600 está en el interior. Su ingeniería estaba basada en el mismo eslogan de la marca que citaba “Ingeniería como ningún otro coche en el mundo” y así fue construido.

Utilizando la mecánica hidráulica, la marca logró hacer funcionar muchos de los accesorios que en otros vehículos más pequeños habrían funcionado de forma eléctrica. Con una presión de 220 bares lograba movilizar los novedosos accesorios donde se incluían ventanillas eléctricas, asientos, cierres, techo solar, amortiguadores de suspensión y respiradero de capó.

Aston Martin Lagonda (1974–1990)

Solo hicieron falta 16 semanas para construir este Aston Martin con una estructura complejamente eléctrica. La innovación electrónica con la que contaba hizo del Lagonda uno de los coches más tecnológicos de su época con un salpicadero digital y puertas controladas por interruptores táctiles. No es de extrañar entonces que la mayor parte del tiempo de producción antes mencionada se la llevara la parte eléctrica.

Porsche 959 (1986–1989)

Fruto de un proyecto de investigación y desarrollo de la marca, tan solo fueron construidos 340 unidades de este modelo que costó a la compañía siete ordenadores por valor de 10.000 dólares. Con ellos se controlaba, a través del sistema de embrague multipack, la tracción de las cuatro ruedas ajustando la distribución de par en cada rueda. Además, supervisaban la suspensión de amortiguadores para así controlar el balanceo y bajar el coche a velocidad.

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