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1978 Ford Mustang II King Cobra T-Roof (3)
Luis Blázquez

Ford Mustang II King Cobra: ¿el mayor sacrilegio en la historia del pony car?

El Ford Mustang Mach-E, a pesar de ser un buen producto, ha recibido innumerables críticas a razón de su nombre. Porque la denominación “Mustang” tiene mucho peso en la historia, y es mundialmente conocido por ser el coupé V8 para las masas. Sin embargo, aunque esta versión eléctrica y SUV sea un sacrilegio para muchos, echando un vistazo atrás en la historia podemos darnos cuenta de que hubo otros modelos con la insignia del potro salvaje que, tal vez, no la hubiesen merecido, como el Ford Mustang II King Cobra.

Aunque a menudo se olvida ahora, el poco querido Mustang de segunda iteración, en realidad fue un gran éxito a lo largo de sus seis años de vida. Se vendieron casi 300.000 de ellos en 1974 y siguió teniendo un buen rendimiento hasta el fin de su producción en 1978. Porque si bien el Mustang II era popular entre los clientes que deseaban un vehículo deportivo que reflejara las realidades económicas de la recesión y la crisis del petróleo, una oferta mecánica anémica hizo poco por apaciguar a los conductores que anhelaban los enormes bloques V8 de antaño.

En retrospectiva, la segunda plataforma del pony car hizo una cosa muy bien: mantuvo vivo el nombre Mustang en un momento en que otras denominaciones morían. Borracho de éxito en el mercado local, Ford permitió al Mustang aumentar de tamaño y peso hasta que en 1973 era casi como algunos sedanes de tamaño mediano. Con el aporte del departamento de marketing y miles de fanáticos, Ford diseñó un vehículo más pequeño con algunas de las señales de estilo del modelo original, y un motor de cuatro cilindros para hacerlo más eficiente y económico.

Ford Mustang II Cobra (1976)

Los ingenieros de Ford tuvieron en cuenta muchos factores durante el proceso de creación: las restricciones de emisiones impuestas por el gobierno estadounidense con la Primera Crisis del Petróleo, el aumento de las primas de los seguros para los vehículos de alto rendimiento y un mercado que, de repente, parecía estar enamorado de los utilitarios y deportivos de Japón y Alemania. Atrás quedaron los motores V8 de gran cilindrada. De hecho, no se ofreció un motor de ocho cilindros hasta el model year1975. La gama inicial era de cuatro y de seis cilindros.

En 1976, para celebrar el regreso de un motor V8 a la gama del Mustang, Ford lanzó el Cobra II como un paquete estético único que celebraba la herencia de los modelos Shelby anteriores, pero no ofrecía mejoras dinámicas. Se trataba de un motor V8 de 4.9 litros (Ford 302 Windsor) que entregaba 137 CV con la ayuda de un carburador Weber. Road & Track demostró que el 0 a 60 mph (0-96 km/h) necesitaba de 10,5 segundos y la velocidad máxima era de 171 km/h, lo que son cifras paupérrimas para las mejores versiones que ya habían existido del Mustang.

Ford Mustang King Cobra (1978)

Introducido en 1978, el King Cobra fue el intento de Ford para recuperar verdaderamente sus raíces las versiones de alto rendimiento, ofreciendo no solo mejoras cosméticas, sino también el mencionado motor V8, un capó más abultado, frenos de disco delanteros, dirección asistida y el paquete Rallye, compuesto por unos amortiguadores ajustables y una barra estabilizadora en el eje trasero. Al igual que el Cobra II a secas, también presentaba calcomanías únicas y piezas teñidas en negro en lugar de cromo al más puro estilo visto en el Pontiac Firebird Trans-AM.

Era su último año de producción, y como tal, esta edición especial se limitó a 4.313 unidades a un precio unitario de 6.350 dólares de la época, unos 27.000 dólares actuales (23.000 euros), o lo que es lo mismo, el precio de un Mustang EcoBoost al otro lado del charco. Además de esos gráficos en tono cobrizo, otras novedades fueron las llantas de aleación específicas –de 13”– y el techo targa (T-Top), así como un parachoques con una pala de quitanieves sección inferior prominente y un sutil spoiler en la zaga. Lógicamente, es el más deseable de esta generación.

Otro aspecto en el que el Ford Mustang II King Cobra destaca, probablemente sea el interior. El habitáculo de fábrica era atractivo, práctico e incluso bastante cómodo delante, detrás es otra historia. Los asientos “deportivos” eran de serie, junto con un complaciente volante forrado en cuero de tres radios en aluminio pulido. Había cuatro paquetes de interiores disponibles: vinilo normal, vinilo con tela, vinilo de lujo y vinilo de lujo con tela. Curiosamente, a pesar de tratarse del modelo más aspiracional de la gama, el velocímetro estaba tarado a 85 mph (137 km/h).

El V8 de 302 pulgadas cúbicas –que Ford redondeó a 5 litros– era la única opción mecánica en el Mustang King Cobra. No cambiaba con respecto a los de otro modelo estándar, con 142 CV a 3.600 rpm y 339 Nm a 1.600 rpm. El convertidor catalítico y el sistema de escape robaban casi toda la energía, y aunque a nadie le importe, fijaba un “increíble” consumo medio de 7,2 l/100 km. Con un peso de 1.359 kilos, prometía una carrera de 0 a 100 km/h en 10,3 segundos y una punta de 213 km/h cuando se asociaba a una caja de cambios manual de cuatro relaciones.

Una automática de tres se podía pedir en opción, y mermaba tanto las prestaciones como los consumos sustancialmente. Aún así, esta última fue la opción más popular, ya que los registros de la marca dictaminaron que se construyeron 2.017 unidades de cuatro velocidades y 2.289 de tres. Eso sí, no hay nada que refleje en el VIN que se trata Mustang King Cobra. Pero bajo el capó hay una placa conocida como la “etiqueta de dólar” donde aparecerán las insignias “KC” (los construidos en Dearborn, Michigan), o “KNG” (los fabricados en San José, California).

Entonces, se priorizó el estilo sobre el rendimiento, el cual era patéticamente insuficiente para lo que había sido el Mustang en el pasado. También era poco agraciado (para la mayoría de la gente) y, simplemente, no logró nada digno de mención. Es bastante fácil mirar hacia atrás en el tiempo y odiar la segunda generación del coupé estadounidense por ser una terrible excusa para un Mustang. Pero fue una de las generaciones más exitosas de todos los tiempos y fue capaz de propiciar un rayo de esperanza para los entusiastas de los vehículos aspiracionales.

El Ford Mustang II King Cobra puede ser recordado como uno de los peores intentos de hacer un coche de alto rendimiento por parte de Ford, y también como una interesante nota a pie de página en la historia de los muscle cars que refleja cuán malos eran esos tiempos. Apreciar esta dualidad hace que sea más fácil aceptar al “Rey Cobra” por lo que era, un intento desesperado por mantener vivo el espíritu rudo de los muscle cars. Es innegable que no tiene la potencia ni la velocidad para respaldar su apariencia, pero gracias a él hemos tenido exitosos sucesores.

Recuerda: si no hubiera sido por el King Cobra y las variantes anteriores Cobra del Mustang II, no habría existido el Mustang 5.0 con el afamado Fox Body, el SVT Cobra, el Cobra R y el último Shelby GT500 que debutó en el Salón del Automóvil de Nueva York en 2019. Compararlo con la primera generación no es justo, pero comparándolo con otras ofertas de mediados y finales de la década de 1970 podemos ver que el Ford Mustang II King Cobra era capaz de mantenerse a la altura de otros modelos de ese período. Por tanto, no fue tan “sacrilegio” después de todo.

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