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Luis Ramos Penabad

España 2050: más impuestos al coche

La pandemia ha agravado algunos de los problemas que ya tenía España, como el paro, la baja productividad y una deuda financiera enorme. Son cosas que no se pueden solucionar con un par de decretos, ni en una legislatura. El Gobierno ha presentado un amplio documento para ver hacia dónde va el país en las próximas décadas. Y el automóvil (y la movilidad en general) tiene bastante protagonismo.

El documento España 2050. Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo, está más meditado de lo que parece. Según leemos, es el resultado del trabajo de expertos con distintas sensibilidades ideológicas. Que no es un brindis al sol de lo que alguien desea que sea España en 2050, sino que es una hoja de ruta con medidas concretas a seguir. 

El paradigma en todo lo que concierne a la movilidad es de cambio radical. Cierto es que el sector está cambiando a un ritmo vertiginoso en los últimos años, y más que cambiará. El objetivo concreto es reducir en dos millones de toneladas de CO2 las emisiones procedentes del sector transporte español en tres décadas.
Algo que ya se aplica en otros países y que comtempla el documento es imponer tasas a los vuelos cortos y poner fin a aquellos que se puedan realizar en tren en menos de dos horas y media. Eso, en principio, podría favorecer al uso de un automóvil limpio, pero si en el mismo documento se habla de elevar los ingresos fiscales 8 puntos (hasta el 43% del PIB en 2050, así como y reducir a la mitad la economía sumergida, desde el 20% al 10% del PIB), el coche va a tener que aportar. Nuevo impuesto al uso del coche

Para ello se habla de crear un impuesto «sobre el uso medido real del vehículo», como una medida que permitirá «transformar la movilidad y reducir las emisiones». El plan busca: «Ajustar la fiscalidad del transporte por carretera al uso real del vehículo, abordando la totalidad de impactos negativos generados y asegurando una mayor coherencia entre el tipo de vehículo adquirido y las necesidades del servicio».

Esto parece querer acabar con el «postureo». Que no te compres un SUV si no lo vas a usar nunca fuera del asfalto, o un coche gigante si solamente tiene un niño, por ejemplo. Para ello, se propone pasar de las actuales figuras fiscales sobre la compra, circulación y combustibles, a un impuesto sobre el uso medido real del vehículo que tenga en cuenta sus características: su peso, su potencia, sus emisiones de contaminantes atmosféricos y gases de efecto invernadero».

Este nuevo impuesto pondría fin al impuesto de matriculación. Y no es algo nuevo, sino que se lleva hablando de un impuesto global desde 2019. Pero hay más cambios, en pos de seguir electrificando el parque móvil español:

Aumento del impuesto a los combustibles

Hace tiempo que el Gobierno sugurió la posibilidad de equiparar el impuesto al diésel al de la gasolina. El PNV paralizó la propuesta a cambio de seguir apoyando al Ejecutivo.

Ahora la idea vuelve a asomar. El plan incide en «elevar progresivamente los tipos impositivos sobre el consumo de diésel y gasolina hasta que ambos se equiparen al tipo impositivo medio de la gasolina en la UE-8».

Los cálculos del gobierno es que, con ese aumento de impuestos a niveles de Alemania, Italia o Francia los ingresos impositivos aumentarían unos10.000 millones de euros y se reduciría el consumo de carburantes y emisiones de CO₂ en torno a un 6,1%. Los datos vienen del estudio Impuestos energético-ambientales en España: situación y propuestas eficientes y equitativas, que se señala en el anexo del documento.

Estrategia de coche eléctrico

También se menciona el objetivo de «desarrollar una estrategia intersectorial que facilite la creación del ecosistema que requiere el automóvil eléctrico».

Para ello, resulta «esencial» fomentar la fabricación de este tipo de vehículo en nuestro territorio; impulsar la producción, reutilización y reciclaje de baterías; e incrementar los puntos de recarga rápida e incentivando la compra de estos vehículos, teniendo en cuenta las posibles implicaciones distributivas de este tipo de ayudas.

En este sentido, recordar que ya está en marcha el Plan Moves III, que ayuda a la compra de coches híbridos enchufables y coches eléctricos. También que ya se fabrican muchos coches con enchufe en nuestro país y que se pretende crear una fábrica de baterías para que se pueda llevar a cabo el ensamblaje de un vehículo eléctrico en en las plantas de Volkswagen en Navarra y de SEAT en Martorell (Barcelona).

Más allá del coche

El Gobierno también augura que «habrá menos vehículos privados y más vehículos compartidos, más bicicletas y más transporte público. La movilidad se verá transformada por la difusión del automóvil eléctrico, que será cada vez más económico y competitivo, y que constituirá el grueso del parque móvil español a mediados de siglo».

Tampoco es algo nuevo. Los que vivimos en ciudades sabemos de sobre que el coche no es siempre la opción más cómoda, ni rápida para ir de un punto a otro.

El documento señala, además, que el vehículo autónomo, «no hará sino incentivar esta tendencia, ayudando a reducir las emisiones y el tráfico, y a liberar espacio público en nuestras ciudades. Es probable que esto empiece a ocurrir antes de 2050, al menos en determinados segmentos de movilidad», aseguran el Gobierno.

Un punto importante es cambiar el modelo de reparto en la última milla «Las empresas tendrán que sustituir su flota actual de furgonetas y camiones por vehículos más ligeros y neutros en carbono, entre los que podrían incluirse los drones de reparto», concluye el documento.

El documento está repleto de desafíos que deberíamos afrontar si no queremos perder comba en el futuro. También debería estar abierto a mejoras, tras discutirlo con expertos y agentes sociales de todos los campos que abarca. Pero me surge la duda… ¿Existe de verdad voluntad para seguir las pautas marcadas?

Más información: España 2050 (pdf)

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